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martes, 3 de octubre de 2023

8. La "Querella de las mujeres".

 


 


En la mayor parte de la historia, la mujer ha sido considerada un ser inferior, discriminada y relegada de numerosas actividades de la vida para las que se la consideraba que no tenía inteligencia y era pecadora. La Iglesia católica ha mantenido y fomentado esa mentalidad. Y en la Edad Media era abanderada de una actitud y un pensamiento que la supeditaba al hombre, que no sólo era superior sino que tenía cualidades y virtudes que la mujer, mala por naturaleza, no poseía. En aquella época, la cultura occidental impregnada de ese modo de pensar, utilizaba a la mujer como un objeto útil a los intereses y objetivos de los hombres: sexo, procreación de abundantes hijos especialmente varones, mano de obra entre los llamados entonces plebeyos y artesanos, y patrimonio y alcurnia en las damas de la alta nobleza y en las reinas.

 

 

 

Christine de Pizan, La ciudad de las damas, texto recogido con otros de la autora en The Book of the Queen 1410-1414, por Isabel de Baviera, reina de Francia, The British Library Harley MS 4435 f.290


No faltaban ideólogos que, para martillear más sobre la idea, escribían textos misóginos como Giovanni Boccaccio que, a mediados del siglo XIV, compuso un libelo denominado Il Corbaccio con una crítica acerba a la mujer. En parte continuaba una tradición en el mismo sentido, como La roman de la Rose del siglo anterior, o las más burlescas y populares Fabliaux. Aunque hacia 1362 había acabado De claris mulieribus en latín, una biografía de mujeres ilustres, en la que al menos reconocía la existencia de damas con grandes virtudes, no en vano estaba dedicada a la florentina condesa de Altavilla, y lógicamente no iba a contener una diatriba antifemenina.

Il Corbaccio había llegado a los círculos cultos de la península, y ya en el siglo XV, Alfonso Martínez de Toledo, (arcipreste de Talavera) redactó Corbacho o Reprobación del amor mundano, que aunque no se inspiraba en aquel, vituperaba el amor mundano y mantenía una actitud de aversión a las mujeres.

 

 

Giovanni Bocaccio, autor de Il Corbaccio, Andrea del Castagno, 1450, https://es.wikipedia.org/wiki/Giovanni_Boccaccio#/media/Archivo:Andrea_del_Castagno_Giovanni_Boccaccio_c_1450

 

En el ambiente literario de la corte, donde proliferaban las presentaciones y jornadas de poemas y canciones sobre el amor, y donde existía una discusión intelectual similar a la de otros reinos denominada Querella de las mujeres, Álvaro de Luna, que pensaba y actuaba con virtudes caballerescas, tenía una opinión contraria a la misoginia, valoraba a la mujer como igual al hombre, tanto en defectos como en virtudes. A su lado tenía una esposa de grandes cualidades, que llevaba años viendo brillar en su casa: inteligente, fiel, encantadora, entusiasta y resolutiva. Aunque hay autores que consideran la obra un ejercicio de retórica intelectual, más cercano también al ambiente del erotismo y amor cortés, la obra está por encima de ese nivel.

Y se le ocurrió escribir un texto que defendiera a las mujeres de todas las épocas, dividido en tres libros: uno dedicado a la mujer en la Biblia, el segundo a las paganas y el tercero a las cristianas. Iría precedido por un proemio escrito por el poeta y amigo, Juan de Mena, que estaba también en la corte; cinco preámbulos; y cada libro por un prólogo en el que explicaba sus razonamientos de aquella postura. Las ideas fundamentales que expone resultan muy poderosas frente a la actitud de la Iglesia: que la mujer es igual al hombre en defectos, y estos no los tiene por naturaleza sino que los adquiere por la costumbre al igual que los hombres; que tiene la misma capacidad de ser tan virtuosa como el hombre; y que no se la debe culpar más que a ellos por el pecado original.

Cuando estaba en Escalona con Juana, era fácil dedicarse a componer su obra que le llevaría bastante tiempo. Ella le animaba, porque su pensamiento coincidía totalmente con aquella postura profemenina, tenía el recuerdo de su abuela Juana de Mendoza que era un ejemplo de mujer fuerte, valerosa madre, esposa, y consciente de sus propias cualidades tan extraordinarias como las del mejor hombre de Castilla.

 

 

Ascenso a una torre por una escala de cuerda, Les Croissades, ilustración de Gustave Doré, 1877, Source gallica.bnf.fr / BnF

 

El condestable escribía en momentos de sosiego de cualquier situación, y dada su agitada vida, a menudo era en contiendas, o asedios a villas, por eso se disculpa de los posibles fallos de su obra: “(…) pues si algunas falleciesen, é demasiadas en esta obra se fallaren, justas causas damos á la disculpación, como toda la mayor parte deste nuestro libro ayamos compuesto andando en los Reales, é teniendo cerco contra las fortalezas de los rebeldes, puesto entre los horribles estruendos de los instrumentos de la Guerra; pues ¿quién puede ser aquél de tan reposado ingenio, ni quién se sabrá assí enseñorear de su entendimiento, que sabiamente pueda ministrar la pluma, quando de la una parte los peligros demandan el remedio, é de la otra la ira codicia la venganza, é la justicia amonesta la ejecución, é el rigor enciende la batalla, é la cosa pública demanda la administración, en tal manera, que todas cosas privan el reposo, que para esto es necesario, tanto, que muchas veces no acaeció dejar la pluma por tomar las armas, sin que ninguna vez dejássemos las armas por tomar la pluma; pues quando cansado, é trabajado, é algunas veces ferido volviéssemos á la obra que comenzada dejábamos, cómo el ingenio nuestro se podría fallar? (…) é fué acavado, é dado á publicación por el dicho Señor en el Real de sobre Atienza, entrada la dicha villa, 14 días de agosto de 1446 años.” (1)

Es asombroso cómo un guerrero y estadista siempre en acción como era él, sacara tiempo para escribir su libro, a pesar del continuo movimiento y esfuerzo que le exigía contrarrestar los combates, las peleas y maquinaciones al lado del monarca. Pero así era, tal vez fuera el contrapunto de paz y armonía que necesitaba para equilibrar tanta agitación, luchas y enfrentamientos, como hemos visto él decía al final del texto que lo había escrito en su tienda en los asedios, de hecho lo acaba en el Real del cerco de Atienza de 1446, puntualizando que había dejado la pluma para tomar las armas, pero nunca al revés. Era un caballero culto que había leído la Consolación de la filosofía de Boecio, textos de estoicos y peripatéticos, La naturaleza de los dioses de Cicerón y los Tratados éticos de Aristóteles, entre otros griegos y latinos.

 

 

Juan II de Castilla, Armorial de l'Europe et de la Toison d'Or, Bibliothèque Nationale de France. Bibliothèque de l'Arsenal, Ms-4790, fol.176, Source gallica.bnf.fr / BnF
 

En sus marchas a sitios y combates, llevaba su manuscrito, plumas, el tintero de plomo con un soporte con huecos para velas, su mesa y asiento plegables de escribir, y libros de consulta como alguna copia de textos latinos, una copia del Antiguo o el Nuevo Testamento, otra de la Legenda Aurea y algún santoral castellano, según la parte que estuviera escribiendo, todo ello en un arca de madera que alguno de sus pajes que le acompañara controlaría.

El condestable, con sus vasallos al lado del rey, fue hacia Atienza, una de las últimas villas de los sublevados que les quedaba por tomar. Mandaron que se adelantasen varios caballeros, entre ellos Juan de Luna y Mendoza, sobrino de Álvaro, y ya casado con su hija legitimada María de Luna, para la que había fundado un mayorazgo con las villas de Cornago y Jubera. El joven actuará toda su vida como caballero fiel y cumplidor. Álvaro de Luna recibía al rey en su villa de San Esteban de Gormaz, donde le agasajó durante un día antes de partir.

 

 

Galería porticada de la iglesia románica de San Miguel, San Esteban de Gormaz, https://www.sanestebandegormaz.org/iglesia-de-san-miguel.html

 

Según narra su cronista Gonzalo Chacón, otro caballero incondicional que se había criado en su casa y ya participaba con él en contiendas y en este cerco, el condestable mandará llamar a su hijo Juan de Luna que estaba junto a Juana probablemente en Escalona, para que a sus once años viera de cerca cómo se desarrollaba un asedio, iba acompañado de su ayo, de otros niños nobles que se criaban y educaban con él en la casa del condestable, y también le acompañaban los alcaldes de Ayllón y San Esteban de Gormaz y otras villas cercanas con sus gentes de armas. “En esta guisa el Conde Don Juan vino al real é cerco de Atienza con aquella gente, é llegó viernes veinte é dos dias de Julio: é su Ayo, que era ome bien enseñado, levóle derechamente á besar las manos al Rey, é facerle reverencia. El Rey ovo mucho placer con él, quando le vido assi vivo y gracioso é bien fablado: (…) Despidióse el Conde del Rey, é fué á facer reverencia á su padre el Maestre. El Rey mandó que apossentassen al Conde Don Juan dentro en el Monesterio de Sant Francisco.” (2) El monasterio estaba fuera del recinto de Atienza, era un antiguo cenobio al que se había añadido la obra de una gran iglesia en estilo gótico inglés por la reina Catalina de Lancaster, aunque había parte que no se había acabado.

 

 

Álvaro de Luna con capa y cruz de la Orden de Santiago de la que era maestre, retablo de la capilla de Santiago, catedral de Toledo, De Maestro de los Luna - Retablo de Sancho de Zamora en la capilla de Santiago en la catedral de Toledo, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2923300

 

Finalmente, en agosto se tomó la villa que fue cuando el condestable acabó su manuscrito sobre las mujeres. Pero tanto en este cerco, en el que recibió un fuerte golpe de una piedra en la cabeza, que le hizo una herida grave, como en el de Palenzuela que una flecha le atravesó un hombro, se mostró su gran capacidad guerrera y táctica. Juana, que tenía noticias suyas con regularidad, iba de sobresalto en sobresalto, y esperaba con angustia que acabaran aquellas continuas contiendas y su marido regresara con su hijo y los niños que se criaban en su casa.

En marzo de 1447 el rey confirmaba algunas nuevas decisiones del condestable que se añadían a su testamento dictado en 1445. Ignoramos si Juana conoció entonces una que la concernía a ella o si la leyó años después cuando su esposo fue degollado, en cualquier caso era la conducta que ella iba a adoptar. Se trataba de una cláusula que exigía a su viuda mantener castidad para recibir su herencia, porque si no la guardaba no la tendría, y ese patrimonio pasaría a su hijo. Dada la diferencia de edad entre la pareja, Álvaro de Luna era consciente de que ya era mayor, alrededor de cincuenta y cinco años, y si él fallecía en cualquier momento podía volver a casarse, Juana era todavía muy atractiva con treinta y tres años, y él no deseaba que en ese caso ella heredara sus bienes. La relación de amor entre los dos debió de ser profunda, y es muy probable que él le fuera fiel durante su vida de casados, a pesar de estar separados frecuentemente y de que en la corte abundaban doncellas hermosas accesibles.

No se le conocen amantes ni hijos naturales desde su unión matrimonial con ella, si los tuvo su discreción fue total, porque en aquel ambiente, donde las habladurías y los rumores eran constantes, si se hubiera conocido algún desliz sexual de Álvaro habría sido utilizado por sus enemigos rápidamente. Aunque lo acusaban de algo mucho peor en aquel tiempo, de maleficio sobre el rey y de homosexualidad. Juana vería aquellas denuncias como producto de la gran maledicencia existente en la corte y del odio hacia su marido.

Notas

(1) de Luna, Álvaro, Libro de las virtuosas e claras mugeres, pp. 364 y 365. Sociedad de Bibliófilos Españoles, Madrid, 1891. http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000232734

(2) Chacón, Gonzalo, Crónica de D. Álvaro de Luna, condestable de los reynos de Castilla y de León, pp. 174 y 175. Edición y apéndices de Josef Miguel de Flores, Madrid, 1784.

lunes, 2 de octubre de 2023

9. Una nueva reina en Castilla: Isabel de Portugal.

 


 


Isabel de Portugal llegaba a Castilla con su séquito en el verano de 1447 y en agosto se casaba con Juan II en Madrigal, ella tenía diecinueve años y él cuarenta y dos. La ceremonia se realizó en una sala del palacio real, que más tarde se convertiría en monasterio de Nuestra Señora de Gracia. Juana Pimentel acudió con Álvaro de Luna, había que festejar al rey y a su nueva esposa. Era irónico que al descendiente Trastámara le casó Pedro de Castilla, obispo de Palencia entonces, nieto del rey Pedro I asesinado por su hermanastro el primer Trastámara.

Juana estaba espléndida, mantenía la belleza heredada de su abuela. Iba poco a la corte por lo que fue muy agasajada por todos. Ella observó con agudeza a la nueva reina: era joven, hermosa y festiva. Juana con su mirada de mujer se percató de que aquella portuguesa iba a ejercer una gran influencia sobre el rey. Era un hombre mayor para le época, que había tenido una mujer a la que nunca había querido ni deseado, y de pronto tenía al lado una dama muy atractiva con un cuerpo provocador, no sería extraño que el deseo le arrebatara a partir de ese momento, y le manejara a su antojo.

 

Convento de Nuestra Señora de Gracia, antiguo palacio de Juan II de Castilla, Pueblos de España, Madrigal de las Altas Torres, cuna de Isabel la Católica, Revista Geográfica Española, Alonso de Encinas, dibujo: Miguel Ourvantzoff.


 

Álvaro de Luna permanecía en la corte siguiendo al rey y llevaban largo tiempo en guerras, batallas y asedios, en los que pasaba más tiempo que con su esposa e hijos. Cuando acabó la toma de los castillos de Astudillo y de Navarrete, quiso regresar a sus tierras junto a su familia. Era octubre de 1448, ya estaba entrando el invierno y añoraba el hogar, ahora que había paz en los reinos. “E como quiera que él deseaba mucho ir á aquella tierra suya, assi por ver á la Condesa, como al Conde Don Juan su fijo, é á su fija Doña Maria; é aún por ver aquella tierra suya de Escalona, é Sant Martin, é el Adrada: en la qual entre las otras que él tenia plascer, era por la templanza é bondad de la tierra, é por él ser muy montero, é aver en ella muy buenos montes de muchos puercos é osos, é otras animalias, (…).” (1)

Según Gonzalo Chacón fue el rey el que le animó a marchar un tiempo a su casa con los suyos. En Escalona, Juana y sus hijos le recibieron con los brazos abiertos, también los vasallos, y gentes de las villas. A su esposa le parecía un sueño volver a tener a su marido a su lado, le observó que mantenía aquel tipo delgado a pesar de los años, estaba más calvo, pero seguía tan encantador, cariñoso y vital como siempre.

 

 

Capilla del castillo de Escalona en la actualidad, Toledo, © Viceconsejería de Cultura y Deportes. www.cultura.castillalamancha.es 

 

Pero no duró mucho tiempo tenerle sólo para la familia, porque ya entrado el mes de diciembre llegaron mensajeros anunciando que los reyes venían a su casa palacio. Entonces hubo que centrarse en preparar su recibimiento. En el castillo y la villa comenzó una actividad febril. Álvaro de Luna llamó a los jóvenes que andaban en su casa y tierras y les dio buenos paños y sedas, para que previeran estar bien vestidos y dispuestos por lo que significaba la llegada de los reyes y realizar un torneo a caballo y otro a pie. Los monteros tenían que concertar monte (ir con los sabuesos al monte divididos por diversas partes, visitarlo, ver los lugares fragosos, y por huella y pista saber la caza que hay, el lugar donde está y la parte donde ha de ser corrida). Lo eligieron a una legua de Escalona por la parte que venía el monarca.

 

 

Cacería en el castillo de Torgau en honor de Carlos V, 1544, L. Cranach el Viejo, Museo Nacional del Prado, Madrid.

 

En un otero se prepararon cadalsos de madera, donde estuviese la reina con sus damas y doncellas, para que pudieran ver correr los venados. Cuando Iba a llegar Juan II, el condestable salió con sus nobles vestidos unos para el monte y otros muy elegantes. Delante de él, sus monteros, unos a caballo y otros a pie, con los lebreles y sabuesos. También marchaban atabales, ministriles y trompetas. Y según llegó la comitiva real, el maestre le ofreció la montería que se llevó a cabo en la zona prevista. Juana le acompañaba para hacer los honores al rey y a la reina, y se colocó con sus damas en una zona donde estaba Isabel.

Los caballeros portugueses que acompañaban a la reina, cuando llegaron al castillo y vieron a la puerta grande de entrada, cabezas de osos, de jabalíes y de otros animales salvajes quedaron asombrados. En medio del postigo de la puerta estaba clavada una gran piel de león que le había sido enviada por un rey moro de las tierras más allá del Estrecho.

 

 

Banquete de boda, Histoire d'Olivier de Castille y Artus d'Algarbe, Manuscritos, francés 12574, fol. 368, siglo XV, Philippe Camus, source gallica.bnf.fr / BnF


                   

Las grandes salas estaban adornadas de tapices franceses, paños de seda y de oro. Había una luz muy agradable, preparadas las mesas con todo los necesario. Enfrente estaban los aparadores que contenían las vajillas de oro y de plata, con copas, platos, bandejas, confiteros, barriles y cántaros. Para unas mesas se había dispuesto unas gradas con un paramento que se cubría en su cielo y en su espalda con paños ricos de brocado de oro. Con el rey comerían el arzobispo de Toledo y Beatriz hija de Dionis de Castro que estaba en la corte con la reina. Llegaron los maestresalas con los manjares, iban precedidos por ministriles, trompetas y tamboriles. Al finalizar el banquete se retiraron las mesas y bailaron los jóvenes con las doncellas.

Tras varios banquetes, se realizó el torneo a caballo en el patio delantero del alcázar. De una parte por capitán iba Pedro de Luna y Manuel, hijo del maestre, y de la otra Martín de Guzmán. El torneo a pie se llevó a cabo de noche en la sala rica con grandes hachas encendidas colgadas del techo y con asentamientos altos para el rey y la reina. Al día siguiente se daban una justas con sus mantenedores, donde los caballeros llevaban sus novedades e invenciones. Pasados ocho días el rey se marchaba porque la Pascua de Navidad se acercaba y quería tenerla en Madrid. Mientras que el maestre la tendría con su esposa en Escalona y en La Adrada. (2)

De nuevo surgían imprevistos en la gestión del reino que romperían la estancia del maestre con Juana y sus hijos, dos días después de la Pascua recibió noticias de Juan II. Álvaro se despidió de los suyos y partió para Madrid. Los hechos seguían complicándose y el condestable iba de un lugar a otro, según lo necesitase el monarca. Juana continuaba en Escalona, sabiendo que su esposo tenía que cumplir su misión y era lejos de ellos, pero más allá de la lejanía y de los peligros que corría, temía la trama que se estaba urdiendo a su alrededor. No se fiaba del rey manejado por la reina, ni de gran parte de los nobles, entre ellos su propio hermano, el conde de Benavente, su tío Fadrique Enríquez, y el marqués de Santillana, de la casa de los Mendoza, que también era pariente suyo. Las mujeres tienen un sexto sentido especial para detectar ciertas actitudes y ya había visto el rechazo de los reyes hacia el maestre. Los otros actuaban claramente desde hacía tiempo.

 


Alcázar de Madrid siglo XVII, Félix Castelo,https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Alcazar_de_Madrid_siglo_XVII


El monarca volvió con el condestable a Escalona y como siempre le agasajaría y después partirían a la fortaleza de San Martín de Valdeiglesias, donde se repitieron los festejos. Probablemente en esta ocasión Juana le acompañó en su marcha con la corte y fueron a Valladolid, donde vino la reina que también hacía tiempo que no se reunía con el rey, por todas las vicisitudes y enfrentamientos que se habían producido.

La fiesta de la Navidad de 1451 Juana y sus hijos la pasaron sin Álvaro que se encontraba junto al rey en el cerco de Palenzuela, una villa de Fadrique Enríquez, almirante de Castilla, en el camino entre Burgos y Palencia, donde su hijo Alonso Enríquez se había levantado contra el rey por el poder del condestable. En una de las escaramuzas este fue herido gravemente por una flecha disparada por ballesta que penetraban profundamente y le traspasó la axila y el brazo. En la noche los físicos del rey lo curaron y la herida tardó bastantes días en sanar. Fue entonces cuando el escribano de cartas latinas y poeta, Juan de Mena, le dedicó unas breves coplas. Son de escasa calidad, pero sí reflejan bien, aspectos del carácter del maestre de Santiago, que recibía heridas sí, pero era vencedor. Efectivamente era tan audaz y luchador que lanzaba su cuerpo como un ariete a las batallas y tenía un ánimo infatigable para cada nueva empresa. Dadas su personalidad y cualidades, su fama y su memoria sobrepasará a otros personajes importantes de su tiempo.

 


Diciembre en el Breviario de Isabel la Católica, The British Library, Add MS 18851, fol. 7r.


Aunque Juana estaba acostumbrada a aquellas largas ausencias de su esposo, no dejaba de añorar su presencia en Escalona. Él ya debía de andar en los sesenta y un años, y el tiempo no había pasado en balde, se conservaba muy bien, delgado, derecho y firme, pero necesitaba más tiempo de sosiego que no tenía. Tras el periodo de contiendas Álvaro regresó con el rey y la corte a su residencia más querida, y entre ella y Cadalso y San Martín estuvieron corriendo monte y teniendo otras diversiones durante 20 días, hasta que de nuevo las noticias que llegaban les obligaron a marchar al norte, a Castilla Vieja.

La hermosura y juventud de Isabel habían cautivado al rey que, según el cronista Alfonso de Palencia, se entregó a una vida de voluptuosidad y disfrute excesivo, con sexo, comida, bebida y actividades de cacerías, fiestas, bailes y juegos. Estaba enfermo, no se dice de qué dolencia, y tenía que cuidarse, Álvaro de Luna había velado siempre porque fuera comedido en todo, y ahora su control de la vida personal del monarca era rechazado por él y por su nueva esposa, que era mucho más joven y estaba encantada con que fuera así. Juan II había empezado a verle como un estorbo en sus deseos, impertinente y entrometido en sus costumbres. La tela de araña que estaba enredando y envolviendo al condestable llevaba tiempo tejiéndose, y esta vez iba a ser mortífera. A partir de aquel momento habían comenzado intentos de atentados y emboscadas para asesinarle.

 

 

Bestiario de Rochester, c. 1230, The British Library, Royal MS 12 F XIII, fol. 17v.

 

En varias ocasiones Juana había hecho de anfitriona de los reyes en Escalona y en alguna otra de sus casas, porque el condestable los invitaba continuamente. En este tiempo vio la complicidad amorosa entre los reyes, las miradas que una y otro dirigían a Álvaro de Luna, y empezó a sospechar que los asuntos de su esposo ya no marchaban bien en la corte. Cuando estaban a solas la pareja hablaba de la situación, y pudo comprobar que él también desconfiaba y no se sentía tan seguro como antes.

De hecho ya estaba tomando ciertas cautelas, como llevar siempre con él una guardia de confianza, mandada por su hijo Pedro de Luna y Manuel, el caballero valeroso y muy fiel que le acompañaba con su gente de armas y le protegió en situaciones peligrosas en Madrigal y Tordesillas. También iba con él, su sobrino Juan de Luna y Mendoza de parecidas cualidades y fidelidad con el maestre. Gracias a la presencia de los dos y de Juan Fernández Galindo, capitán de sus jinetes, Fernando de Ribadeneyra y otros caballeros de gran confianza escapó de atentados, encerronas y trampas.

El contador mayor Alfonso Pérez de Vivero que había sido paje y criado del maestre, comenzó a participar en la trama de los nobles e hizo partícipe de la conjura al rey para su colaboración, y a la reina que ya estaba en ello. El monarca preparó varias emboscadas para matarlo, que el condestable supo eludir con sus criados e hijos. Era un juego de enredo y engaños, y lo más escandaloso es que era Juan II quien lo maquinaba.

Habría tenido la opción de marcharse a Escalona a sugerencia de los hermanos Juan Pacheco, marqués de Villena, y Pedro Girón, maestre de Calatrava, que se le hubieran unido para “refrenar al rey y al príncipe”, pues ellos también estaban amenazados, sin embargo el maestre de Santiago no quiso. (3) Ambos hermanos no eran de fiar, pero la premisa de regresar a sus territorios y la posibilidad más cercana de refugiarse en Portugal, era una opción segura, que no puso en práctica. Después los hechos se desarrollaron de la peor manera posible.

 

Notas

(1) Chacón, Gonzalo, Crónica de don Álvaro de Luna condestable de los reynos de Castilla y de León, pp. 188, 189 y 190. Edición y apéndices de Josef Miguel de Flores, Madrid, 1784.

(2) Ibidem, pp. 190 a 195.

(3) Ibidem, pp. 269 y 270.


domingo, 1 de octubre de 2023

12. La angustiosa espera en el castillo de Escalona, primavera 1453.

 

Segunda parte


 

 

Juana se encontraba en el palacio del castillo de Escalona, Álvaro estaba preso, le había escrito cuando iba a entregarse, y le decía que le llevaban a la fortaleza de Portillo, no les dejarían ir a verle. El rey, cobarde, enloquecido, perdido el control de sus emociones ambicionando los tesoros del condestable, y acosado por la insistencia de Isabel contra este. Juan de Luna y Pimentel, obedeciendo a su padre, porque el rey iba a detenerlo y perseguir a sus partidarios, había marchado, como vimos, disfrazado y se encontró con el capitán de los jinetes del condestable que se le unieron para ir a Escalona. La condesa y su hijo redactaron una durísima carta contra Juan II, porque sabían que había incumplido su palabra de rey de haberle asegurado la vida y los bienes, le advertían que iban a escribir al papa Nicolás V pidiéndole que interviniera, pues Álvaro era maestre de la Orden de Santiago y dependía de la justicia pontificia, no sabemos si llegó a escribirla porque los hechos se precipitaron. También le decía que iba a pedir ayuda a los reyes vecinos, y a quien fuera necesario para salvar a su marido.

 


 

Santa María de la Antigua, Valladolid, Recuerdos y bellezas de España, dibujos y litografías: F. J. Parecisa, texto: P. Piferrer, http://bdh.rd.bne.es/viewer.vm?id=0000187033&page=1


Con razón temía por su esposo y se preparaba para cualquier eventualidad, era como si las Furias se hubieran desatado y estuvieran en Valladolid concentradas en el castigo y la venganza sobre él. ¿Por qué castigo, por qué venganza? Se preguntaba Juana. Su esposo había servido fielmente a Juan II, y gobernaba con acierto en su nombre, había defendido siempre su trono, había luchado y dominado a aquellos que querían controlarlo y había deshecho los secuestros y maquinaciones de los infantes de Aragón. Pero ahora el odio y la envidia acumulada en los grandes nobles, entre los que estaban su hermano el conde de Benavente, el príncipe Enrique y su favorito Juan Pacheco, y los enfermizos celos de la reina habían conseguido que lo encarcelara, y quién sabe qué más estaban urdiendo.

En la villa todos conocían la situación de su señor, allí era respetado y valorado, habían obedecido puntualmente las órdenes de la condesa: hacer acopio de alimentos, armas, leña para la cocina, guardar a los animales dentro de las murallas y cerrar todas las puertas. Los vigías controlaban el horizonte desde las torres, sobre todo, el lado norte que era más accesible y además estaba la puerta de san Miguel, a donde llegaban los caminos de Ávila y de las ciudades de Castilla Vieja. Ese lienzo de la muralla era muy fuerte con 5 metros de ancho de sillares de granito y 11 metros de alto, y ante la puerta había un recinto abovedado también de piedra con un arco de frente y uno a cada lado. Desde Toledo había que cruzar el puente sobre el río Alberche y dar la vuelta a la villa hasta encontrar la puerta. 

 

 

Asedio de una ciudad, anónimo, miniatura de Ogier, le danois, siglo XV, Biblioteca Nacional de la Universidad de Turín, XV-V-183 https://es.wikipedia.org/wiki/Asedio#/media/Archivo:Siege_of_a_city,_medieval_miniature

 

En el castillo el mandato era muy estricto, abastecimiento de pertrechos y alimentos, los hombres de armas dispuestos, vigilantes en los adarves, la puerta cerrada, y todos en disposición de hacerse fuertes junto a su señora la condesa que había decidido enfrentarse y combatir al rey y sus mesnadas para salvar a su esposo. Era la primera vez que sacaba sus bríos, una gran resolución nacida de su espíritu indomable frente a la injusticia y el atropello de Juan II. Y cuando lo considere necesario, volverá a hacerlo frente a otro monarca.

Guerreros de Toledo, villas y lugares de su comarca y tierra, vinieron a cercarla mandados por el mariscal Payo de Rivera y Alvar Pérez de Guzmán, alguacil mayor. Tenían orden de no dejar entrar ni salir a nadie, excepto si era para ir a acatamiento y servicio del rey. Era lo que Juana Pimentel y su hijo Juan de Luna habían previsto, y Escalona estaba bien preparada para resistir un asedio.

Juan II enfureció cuando leyó la carta de la condesa e hizo escribir una respuesta el 22 de mayo desde Fuensalida. “Condesa doña Joahana Pimentel é Conde don Johan, su fijo. Vi un escripto lleno de toda blasfemia é deslealtad é non menos deshonestidad é orgullo é loca sobervia, el qual me enviastes con Francisco de Trejo, firmado de vuestros nombres, é sellado con vuestros sellos sobre la prision que yo mandé facer á don Alvaro de Luna, vuestro marido é padre: (…) notificaredes á nuestro Santo Padre, é á todos los Príncipes cristianos aquesta, que vosotros aunque mentirosa é falsamente llamades muy grand crueldad, (…) Et desides mas, que notificaredes todos los juramentos é seguridades, que desides que tengo fechos, é que convocaredes é llamaredes é traeredes, non solo aquellos que yo tengo por enemigos, mas á los moros é á los diablos si pudiésedes, (…).” (1)

Madre e hijo sabían que el rey había enviado una misiva al condestable dándole seguridad de que no le sucedería nada en su cuerpo ni en sus bienes, lo que era falso. El monarca se había sumado al asedio y llevaba días en el Real que rodeaba el río a la vista de la villa y la fortaleza. Los asediados estaban dispuestos a resistir para apoyar a Álvaro mediante la fuerza de los numerosos vasallos y amigos que tenía y si era necesario de fuera del reino. Los días transcurrirán y el cerco no prosperaba.

 

 

Asalto a Mosburg, Les Croissades, ilustración de Gustave Doré, 1877, Source gallica.bnf.fr / BnF

 

La llegada de un mensajero a galope tendido que los asediadores dejaron pasar, rompió la espera, el alcaide Diego de Avellaneda y Fajardo la avisó de inmediato, ella ordenó que le abrieran y le condujeran a la gran sala, y que avisaran a sus hijos para que acudieran a la estancia, donde antes el condestable recibía a sus vasallos, dirimía controversias, y juzgaba casos de su incumbencia. María llegó corriendo, tenía diez años, Juan apareció en seguida, pronto cumpliría dieciocho. Juana se sentó en el sillón que utilizaba Álvaro, dispuesta a escuchar el mensaje, y sus hijos se colocaron a ambos lados. El mensajero venía de Valladolid desde donde había salido a marchas forzadas, traía noticias de Gonzalo Chacón, el fiel criado de su marido. No podían ser peores, Álvaro había sido ¿ajusticiado o asesinado? en la plaza del mercado de Valladolid, su cuerpo había sido enterrado a los 3 días, cuando la escribió esperaban a que se cumplieran los nueve días que debía estar su cabeza clavada en un clavo de un poste, para llevarla a la ermita de san Andrés, fuera de la ciudad, donde se sepultaba a los malhechores. La condesa dio un grito desgarrador, María lloraba y abrazaba a su madre, y Juan se había quedado lívido. El maestre de la Orden de Santiago y condestable de Castilla había sido degollado por orden del rey a instigación de la reina Isabel y de varios nobles coaligados, Álvaro de Luna tenía sesenta y tres años. Aquel doncel que había llegado a la corte cuando el monarca tenía unos tres años y al que había visto como a un padre, había muerto por su decisión. Su sombra en forma de remordimientos le seguirá el año y algo más de un mes que le quedaba de vida.

 

 

Juan II e Isabel de Portugal, reyes de Castilla, retablo mayor de la Cartuja de Miraflores, Gil de Siloé, Burgos, https://www.guiasturisticosburgos.com/cartuja-de-miraflores.html

 

Juana se recompuso y mandó que aposentaran al mensajero, y al alcaide que ordenara comprobar que todas las puertas de la villa y del castillo estaban cerradas, porque el rey apretaría su cerco. Efectivamente los pesados portones estaban cerrados y los rastrillos echados, Escalona era una potente fortaleza dispuesta a resistir cualquier asedio. Juan II y su hueste estaba en los alrededores de la villa desde el día 8 de junio, cuando todavía no se había retirado del cadalso la cabeza del condestable.

La esposa de Álvaro de Luna, sus hijos y sus oficiales se vistieron de luto con paños negros. No estaba dispuesta a claudicar, defendía la dignidad de su esposo, así como las propiedades de sus hijos, y las suyas propias. Al paso de los días, el monarca comprobó que Escalona era inexpugnable y le ofreció una capitulación, por lo que la condesa mandó abrirle las puertas para tratar con él las condiciones de su rendición. Era inteligente y capaz, y discutió y negoció con el monarca, supo salvar las posesiones de su dote, la rica Arenas de Ferrerías con su castillo y La Adrada y sus aldeas; un tercio de los tesoros que había en Escalona; y para su hijo trataron su herencia durante los días que el rey permaneció en las estancias dedicadas a él por Álvaro de Luna, y comía de sus cocinas y de su despensa.

 

Notas

(1) Memorias de don Enrique IV de Castilla, tomo II, colección diplomática, doc. XXXVII, compuesta y ordenada por la RAH, https://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=1318

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      Hacía un frío gélido aquella mañana de enero de 1431 en Calabazanos, un lugar de la merindad de El Cerrato al sur de ...