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lunes, 9 de octubre de 2023

2. El novio, Álvaro de Luna, y el padrino, Juan II, rey de Castilla.





 

Álvaro de Luna, que siempre se vestía muy elegante, también había elegido prendas negras recamadas de oro sobre el jubón de lana, en una jaqueta larga acolchada y ceñida, calzas gris muy oscuro y una capa de brocado negro y oro. Toda la familia estaba de luto, así que sólo se hizo un banquete para honrar a los reyes y a los invitados que habían venido, pero no hubo bromas de bufones, ni mimos, ni bailes.

Había sido nombrado condestable de Castilla en 1423, tras los sucesos con Enrique, infante de Aragón, apoyado por el anterior condestable Ruy López Dávalos, huidos al reino vecino. Era el más alto cargo tras el rey, que “(…) dandole el bastón de la justicia, é el mando é gobernamiento sobre todas las sus huestes. É dióle el Rey con aquella dignidad á Castil de Bayuela é su tierra, é el Adrada é su tierra, é á la villa de Arjona.” (1)

Pero su carrera en la corte había comenzado años antes presentado por su tío, el prelado Pedro de Luna y por Juan Hurtado de Mendoza y Castilla, casado con una prima del entonces joven. Era un hijo natural del noble aragonés Álvaro Martínez de Luna con María Fernández de Jaraba (llamada también por algunos autores María de Uranzadi), una mujer de la villa de Cañete, de la que era señor, y no se ocupó de él, porque le molestaba la presencia de un bastardo y la falta de hijos legítimos. Antes de morir acabó por reconocerlo y enviarlo encomendado a su criado Juan de Olid con cartas de recomendación a su tío el papa Benedicto XIII, y a sus parientes, su medio hermano Juan Martínez de Luna y su hermano Pedro el eclesiástico nombrado arzobispo de Toledo, pero que no había podido tomar posesión del cargo por el rechazo del rey Enrique III.


 


Benedicto XIII, Joan Reixach, siglo XV, iglesia Santa María la Mayor de Morella, Castellón, De Juan Rexach - Fotografía propia, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=113942239


El papa, tío abuelo del niño, le recibió con afecto y le tuvo un tiempo en su corte, después le puso en manos del arzobispo Pedro de Luna. (2) En esos ambientes cultos y lujosos entre libros e intelectuales eminentes, crecerá y recibirá una magnífica formación, y educación del buen gusto por la poesía, la música, el canto, la arquitectura y la elegancia en el vestir, en los modales y en la manera de conducirse, además de la caballerosidad, el arte de las armas y el respeto a la institución de la monarquía.

Cuando murió Enrique III, el arzobispo accedió a su puesto con el apoyo de la reina Catalina y el infante Fernando, regentes de Castilla, porque el rey Juan II era menor. Hacia 1408 Pedro de Luna y Juan Hurtado de Mendoza y Castilla conseguían que su sobrino (ambos eran tíos del joven) entrase en palacio como doncel del monarca, un niño de unos tres años. El doncel era un joven noble que realizaba diversas tareas al lado de sus señores. A esa edad los pequeños fijan profundamente a personas, ambientes y objetos, Juan II criado con amor por Catalina, sin embargo no tenía la referencia masculina del padre. Posiblemente la presencia de Álvaro de Luna ocupó en su mente un lugar excepcional. El joven tenía unos dieciocho años y debía de ser encantador, sin duda lo será toda su vida, divertido, alegre y muy cortés. El rey niño se sintió feliz con él y esa unión entre los dos permanecerá a lo largo del tiempo, hasta que influencias externas y el propio fastidio del monarca, la hagan saltar por los aires.

Cuando Juan II llegó a la mayoría de edad, su madre y su tío Fernando I de Aragón habían fallecido, el monarca tuvo que enfrentarse a numerosos problemas, provocados por sus primos los infantes hijos de Fernando, que querían controlarlo, eran dueños de un gran patrimonio en Castilla, y tenían cargos eminentes, como Enrique, maestre de la Orden de Santiago. El joven monarca estaba comprometido con su prima hermana María, también hija de Fernando, y los desposorios se celebraron en 1418 en Medina del Campo. Ella será una defensora del partido aragonés en Castilla, complicando los asuntos desde ese lugar privilegiado. Él no la amaba, era un problema para la corona castellana más que una compañera. La boda se efectuaría dos años más tarde en medio de maquinaciones y enfrentamientos, y forzada por el secuestro del monarca por parte del infante Enrique de Aragón. Un golpe de mano que fue desbaratado por la intervención directa de Álvaro de Luna que liberó al soberano. Un mes después se realizaba el matrimonio de Juan con la infanta María.



Palacio de los papas de Aviñón, https://www.bienvenueenprovence.fr/es/visitar/el-palacio-papal/


Álvaro valoraba una monarquía fuerte, y la defenderá del acoso de los infantes, será su escudo y gran apoyo. En esos años había contrarrestado las numerosas tramas, conjuras y el secuestro del monarca, deshaciendo parte de los planes contra él. Salvarlo del encierro en Tordesillas, le dio el título de condestable de Castilla y la base de su encumbramiento. El monarca tenía un carácter débil, era indolente, no estaba capacitado para gobernar y no le interesaban las obligaciones propias de su cargo. El nuevo condestable era todo lo contrario, tenía carácter, era enérgico, le gustaba el gobierno del reino que deseaba fuerte frente a la díscola y ambiciosa nobleza. Era buen guerrero y tenía una gran intuición para percatarse de los peligros que acechaban al rey y para evitarlos. La deuda de Juan con él se convertía en un estrecho lazo, más fuerte que el ya existente. Su esfuerzo y entrega en el cargo requerían una remuneración que fue efectuándose en donaciones de señoríos, villas, castillos, propiedades, rentas y beneficios. El reinado de Juan II, más interesado en la música, la poesía, las fiestas y torneos, continuará con continuas conspiraciones, rebeliones, peleas y un gran desgaste para Castilla.




 

Villa de Cañete, cartel de la XXIII Alvarada, fiesta homenaje a Álvaro de Luna, https://www.villadecanete.com

 

Álvaro de Luna era un hombre agradecido, no olvidó sus orígenes y ayudó a su madre, a la que donó dos lugares para que tuviera rentas. Debía de ser una mujer muy atractiva, plebeya, que aparte de haber tenido relaciones con el noble Martínez de Luna, las tuvo con otros hombres, por lo que Álvaro tuvo dos hermanastros a los que también favoreció. Uno de ellos, Juan de Cerezuela, eclesiástico, que el condestable consiguió accediera a la sede sevillana y luego a la de Toledo como arzobispo, y fue también un gran apoyo para él.

En 1420 se había casado con Elvira de Portocarrero, que no le dio hijos y que no viviría mucho tiempo, pues debió de fallecer al poco de dictar testamento en 1424. En ese tiempo Álvaro había tenido una hija fuera de matrimonio, a la que legitimará posteriormente y la casará con Juan de Luna y Mendoza, su sobrino, hijo María de Luna (en esta etapa habrá varias damas con el mismo nombre) y de Juan Hurtado de Mendoza y Castilla, mayordomo mayor y consejero del monarca, que le había favorecido.

Juan de Luna y Mendoza se había criado en casa de Álvaro, y fue un buen guerrero siempre fiel, que le acompañará en numerosos hechos de armas, ya fueran escaramuzas o la batalla de Olmedo, y hasta los momentos más difíciles del final. De viudo el condestable, tuvo un hijo natural, Pedro de Luna y Manuel, con Margarita Manuel, nieta del gran magnate Juan Manuel. Cuando este hijo natural legitimado alcance la edad suficiente le acompañará en luchas y refriegas, y se encontrará a su lado siempre que lo necesite.

Algunos nobles castellanos deseosos de controlar al rey y envidiosos de la posición de Álvaro de Luna se unieron a los infantes de Aragón para derribarlo. Conseguirán su destierro en la villa de Ayllón en septiembre de 1427, donde se dedicó a la caza, la lectura y a una vida tranquila alejada de las intrigas cortesanas. Pero los coaligados se peleaban entre sí y el gobierno se hacía imposible, el condestable fue llamado a la corte y de un destierro que iba a ser de un año y medio, se redujo a cinco meses. Fue un regreso triunfal con gran elegancia y aparato. El que acudió a buscarle era el conde de Benavente, Rodrigo Alfonso de Pimentel. Ambos se trataban habitualmente en la corte al lado del rey y acompañándole con su mesnada contra las rebeldías de los infantes Enrique y Pedro de Aragón, que andaban alborotando Castilla. De ese trato surgió la propuesta al conde de casar con su hija Juana, famosa por su belleza, además de su alto linaje y juventud.



Cortejo del marqués de Caracena, Adan Frans van der Meulen, 1664, Museo Nacional del Prado, Madrid.

 


Para él era un hito más en su ascenso nobiliario que se había iniciado con el nombramiento de condestable de Castilla y la administración de la Orden de Santiago, continuaba con esta boda, con la adquisición hacia 1434 y construcción algo después, de una admirable capilla funeraria en la catedral de Toledo, por Pedro Jalopa y Hanequin de Bruselas, arquitectos francés el primero y de Flandes el segundo, (3) y se afianzará con la institución de mayorazgo en su hijo y el nombramiento de maestre de la Orden de Santiago. Había dado todos los pasos para ocupar un puesto preponderante dentro de la más alta nobleza. Ascenso que reafirmará con decisiones, actos y fórmulas que le colocaban a la cabeza de la aristocracia y figura principal al lado del rey, lo que más allá de su poder de facto en la gobernación del reino, le hacía odioso a grandes magnates como el marqués de Santillana, que urdía tramas contra él, y con el que competía en la organización de torneos, fiestas y veladas literarias.

Rodrigo Alfonso Pimentel aceptó la proposición y acordaron las capitulaciones que se formalizarían en agosto de 1430 en Ayllón, cerca de Segovia, con los desposorios por palabras de presente y señalando la velación para el año siguiente.

Por aquel tiempo ya se encontraba en Valladolid Juan de Alarcón y Valverde, un agustino que venía de haber ejercido cinco años en Florencia como lector en el Estudio General de la Orden, y que traía los aires nuevos de la reforma que se estaba aplicando en un convento cercano a Siena. En algún momento el fraile entró en contacto con Álvaro de Luna, que se mostró muy partidario de esa renovación en los claustros castellanos, mantuvieron amistad, y el condestable, desde su cargo, le apoyó en la labor que acometió. Con esa idea Juan de Alarcón conseguirá la aprobación del general de la Orden para fundar un convento en Villanubla, a solo 3 leguas al noroeste de Valladolid. Un tiempo después erigió otros monasterios con la misma intención de observancia.

 

San Agustín, modelo para una Orden de fraternidad apostólica, fresco en Palacio de Letrán, Roma, De Desconocido - http://www.30giorni.it/us/articolo.asp?id=3553, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6029808


Con Álvaro de Luna y Juana Pimentel llegó al acuerdo de crear uno en nombre de Santa María del Pilar en la villa de Arenas de las Ferrerías de Ávila, que tanto Juana como su esposo favorecerán. En una zona llamada Ojos de la Jara: “(…) lugar boscoso y abrupto, lleno de manantiales, habitado únicamente por unos ermitaños agustinos, y por los pastores que encontraron la imagen de nuestra Patrona, la Virgen del Pilar, quienes tomaron el sobrenombre de los Pilaretes, (…).” (4)

Ese lugar, donde habitaban ermitaños cercano al alto de San Agustín, fue elegido por Juan de Alarcón para el convento de Santa María del Pilar, pues ya existía esa imagen de la virgen custodiada por los solitarios en una casa que ellos habían construido. Hoy sólo queda el espacio donde estuvo y más abajo una cueva con “(…) estructura en galería sustentada por arcos apuntados de fábrica de ladrillo, característicos del gótico.” (5) que se piensa era utilizada por los frailes como bodega y fresquera. No muy lejos quedaba el castillo-fortaleza de Juana Pimentel y Álvaro de Luna.

Notas

 (1) Chacón, Gonzalo, Crónica de don Álvaro de Luna, condestable de los reynos de Castilla y de León, p. 45, edición y apéndices de Josef Miguel de Flores, Madrid, 1784.

(2) de Palencia, Alfonso, Crónica de Enrique IV, Tomo I, pp. 105 y 106, Traducción de Paz y Meliá, A., Madrid, 1904. https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=3711

(3) Ibáñez Fernández, Javier, Con el correr del sol: Isambart, Pedro Jalopa y la renovación del Gótico final en la Península Ibérica durante la primera mitad
del siglo XV, p. 214, Biblioteca, estudio e investigación, 26, 2011, https://dialnet.unirioja.es

(4) Serrano Cabo, José, Historia y Geografía de Arenas de San Pedro y de las
villas y pueblos de su partido
, p. 15, Ávila, 1925.
https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.do?id=38

 (5) Restauración de la cueva de las curvas de San Agustín de Arenas, Redacción, 9 junio 2020. https://tietarteve.com/restauracion-cueva-curvas-san-agustin-arenasdesanpedro/



















miércoles, 4 de octubre de 2023

6. Las redes familiares.

 


 


En 1437 Juana recibió malas noticias de su familia, estaba en Ayllón con la corte, porque el rey se había detenido en la villa en su camino a Roa por el temporal de frío y grandes nieves que azotaba la zona. Su hermano mayor Juan, conde de Mayorga, había fallecido en Benavente, villa de su padre el conde, donde estaba preparando todo para acudir a los desposorios del príncipe Enrique en marzo. Iba a ser enterrado en el panteón familiar de la iglesia del convento de San Francisco de aquella villa. Juana vistió luto, pero no podía acudir, tendría que realizar las exequias en la iglesia del convento de San Francisco de Ayllón. Su padre también se encontraba en la corte y los dos compartieron su tristeza. Ahora el heredero de la casa era el segundogénito, Alfonso.

 

 

 

Una gran nevada en febrero de 1437 retuvo a Juan II de camino a Roa, fotografía: Pilar Alarcón


 

Después partieron para Alfaro, donde se realizarían los desposorios de Enrique (futuro Enrique IV) y Blanca de Navarra. Hubo cuatro días de regocijo, Juana asistió sin muchas ganas a los actos principales por la obligación que tenía hacia el rey como esposa del condestable. Después este tendría que cumplir un mandato del monarca que él mismo le había aconsejado, y que se refería a la maquinación que estaban preparando algunos nobles, entre los que se encontraba la familia de Juana. Se trataba de detener con engaño a su tío Pedro Manrique de Lara y Mendoza, que era el cabeza de la rebelión contra Álvaro de Luna. Este acto desencadenará la movilización de sus hijos y sus primos. Ella se encontraba en un difícil equilibrio entre el amor a sus parientes y la fidelidad a su esposo.

En Medina del Campo Juan II mandó a Manrique de Lara y Mendoza, adelantado mayor, que fuera con el condestable a su posada, en la torre que estaba al lado del palacio del rey, sin especificar para qué, los dos comieron juntos, y Álvaro lo dejó allí en manos de Gómez Carrillo de Albornoz y con hombres de armas vigilándole.

Alfonso Pimentel, hermano de Juana, enterado de que el rey había mandado ponerle en prisión, partió para Rueda donde estaba el almirante Fadrique Enríquez, hermanastro del adelantado, para avisarle. La información se extendió por toda la familia y los bullicios se multiplicaron. El rey llamó al almirante y a los hijos del adelantado. Llegó al acuerdo de que estuviese en la fortaleza de Roa detenido, pero no preso y pudieran sacarlo de vez en cuando a cazar. En todo ese tiempo la esposa de Pedro Manrique de Lara, Leonor de Castilla y Alburquerque, se encontraba viviendo con él y cuando Juan II mandó trasladarlo a la fortaleza de Fuentidueña recibió un gran disgusto, pues esperaba que de Roa fuera liberado. (1)

 

 

Murallas de Roa de Duero, Burgos, https://roadeduero.es/galeria-imagenes/muralla-medieval

 

Era un verano caluroso y seco y se formaban tormentas con mucho aparato eléctrico, se produjo una en Escalona y cayó un rayo en la torre del homenaje del castillo, propagándose un gran fuego por toda la fortaleza, que ardió durante tres días a pesar del esfuerzo de los hombres que trataban de apagarlo con tierra o agua. (2) Tal vez mientras se reconstruía el palacio, la familia se trasladó al castillo de Arenas de Ferrerías, donde también se sentían a gusto. Debió de ser por estas fechas cuando Juan de Alarcón y Valverde fundó en la villa un convento agustino con criterios de la reforma, y se puso bajo la advocación de Santa María del Pilar. Será muy querido por Juana, que lo favorecerá económicamente.

El fraile, que era un hombre muy culto y relacionado con el humanismo por su estancia en Italia, cultivaba las letras, escribió entonces el Libro del regimiento de los señores, un escrito de política medieval, para dedicárselo a Álvaro de Luna “(…) presenta su tratado de educación del gobernante mediante una argumentación doctrinal inspirada en la concepción cosmológica teocéntrica de la Edad Media y en los principios espirituales de la observancia agustiniana.” (3)

En ese tiempo, el tío de Juana, su esposa y sus dos hijas se escaparon de la fortaleza de Fuentidueña, descolgándose de una ventana con cuerdas de cáñamo con la connivencia de algunos criados de Gómez Carrillo. A pesar de perseguirlos, este no consiguió alcanzarlos, pues ya habían llegado a la fortaleza de Baños de la Encina, al norte de Jaén.

La tendencia abúlica del rey hacia los asuntos del gobierno iba a más, no le interesaban sus obligaciones y las dejaba en manos de Álvaro de Luna, porque sabía que no haría nada que fuera contra la corona. Probablemente era el mejor “primer ministro”, que podía tener, porque valoraba la monarquía, y mantenía a raya a los infantes de Aragón y a los nobles levantiscos. Juan II pagaba sus servicios en rentas, villas, oro, plata, joyas y, sobre todo, poder.

 


 

Ruinas del monasterio de Benevivere, Carrión de los Condes, Palencia, Recuerdos y bellezas de España, dibujos y litografías: F. J. Parcerisa, texto: P. Piferrer, https://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000187033&page=1

 

Los grandes nobles estaban enfurecidos, envidiosos, levantados, querían quitárselo, y que desapareciera de la corte, que fuera desterrado él y toda su familia, clientela y vasallos, que ya eran muchos, y se lo pidieron al monarca. Entre ellos varios de los familiares de Juana, los Pimentel, la rama de los Manrique de Lara y los Enríquez, unidos a Pedro de Estúñiga o Zúñiga. Lo que iba a desembocar en graves disturbios y en guerra civil, Juana verá con angustia cómo se involucra a su padre, que había estado enfermo y después había intentado llegar a un acuerdo con el condestable sin éxito, y acabará uniéndose a los rebeldes. También su hermano participaba en la liga nobiliaria por solidaridad de clan familiar y de estamento. Este ataque contra Álvaro de Luna era un problema reincidente que acabará con su vida.

Ella supo cómo su padre Rodrigo Alfonso Pimentel volvía a unirse a los nobles rebeldes al lado de sus familiares los Manrique de Lara y los Enríquez. Serán unos años muy duros, dividida entre sus lealtades familiares y la preocupación por su marido. El conde de Benavente participará en las negociaciones para el acuerdo con el rey y conseguir finalmente un nuevo destierro del condestable. A partir de ese momento Rodrigo Alfonso se encuentra al lado de los infantes de Aragón. Hacia el verano de 1440, estaba muy enfermo y poco después fallecía. Fue enterrado en el panteón familiar del convento de San Francisco de Benavente, del que hoy día no queda nada. En ese año también fallecía su tío, el adelantado mayor de León, Pedro Manrique de Lara y Mendoza, y continuaba en el cargo su hijo Diego Gómez Manrique.

 

Notas

(1) Pérez de Guzmán, Fernán, Crónica del señor rey don Juan II, p. 368. Valencia, 1779.

(2) Ibidem, p. 385.

(3) Lazcano González, Rafael, Juan de Alarcón y Valverde, DB-e RAH.

viernes, 29 de septiembre de 2023

15. Enrique IV, rey de Castilla y de León.

 



Tras la muerte del condestable y la del rey Juan II, fue coronado Enrique IV, un hombre débil y manipulable, que desde muy joven se rodeaba de personajes sin escrúpulos, astutos y ambiciosos, como Juan Pacheco y otros que vendrán después, y le favorecía desmedidamente en todo lo que deseaba. Llevaba una carrera parecida a la de Álvaro de Luna, a quien seguía e imitaba, con la importante diferencia de que este siempre fue leal a Juan II y luchó denodadamente para que mantuviera la corona, mientras que Juan Pacheco traicionará a Enrique, luchará contra él, simulará con otros nobles su deposición en Ávila en 1465 y proclamarán rey a su hermanastro Alfonso, un niño entonces. Entre las apetencias insaciables del nuevo privado estaba hacerse con buena parte del patrimonio de Álvaro de Luna, a través del matrimonio de su hijo y heredero, Diego López Pacheco y Portocarrero, con María de Luna y Pimentel hija de aquel y de la condesa, que iba a tener una importante dote.

 

 

Miniatura retrato de Enrique IV en la E de inicio de un privilegio rodado a Juan Pacheco, AHN, Nobleza, Frias,CP.34,D17

 

Juana no olvidaba que Pacheco había contribuido a la muerte de su esposo, a pesar de haber sido su deudo, criados en su casa y presentados en la corte él y su hermano Pedro Girón, por el condestable. Se negó a esa propuesta, no dejaría que su querida hija María y su dote cayeran en manos del codicioso privado, ahora preferido de Enrique IV. Después comprobaría que Pacheco seguiría persiguiendo su objetivo, quería el patrimonio y título de su casa; podrá salvar a su hija, pero con su nieta no podrá evitarlo, porque por medio estaba el poder del rey Enrique, que para complacer a su privado pasará por encima de los derechos de Juana y utilizará la difamación y la mentira para confiscarle los bienes y quitarle la tutela de su nieta con una fórmula despreciable e impropia de un rey.

La condesa empezó a buscar cómo impedir que Pacheco casara a su hijo con María. La casa de los Mendoza era muy poderosa y rica y también tenía mala relación con el privado del rey e incluso con este. En 1458 había fallecido el primer marqués de Santillana, Íñigo López de Mendoza, y había heredado el título Diego Hurtado de Mendoza. Juana tenía lazos familiares con ellos a través de su bisabuelo, Pedro González de Mendoza, que también lo era del actual marqués. Hay autores que destacan el interés de los Mendoza por hacerse con el patrimonio de Álvaro de Luna como explicación de esta boda, (interés que desde luego existiría) pero no recuerdan en sus textos esa relación parental que en las casas nobles era un lazo importante para acordar matrimonios y que incluía el aspecto patrimonial. Además de ese parentesco, había relación con los Luna y por tanto con Álvaro, pues Brianda de Luna había sido la primera esposa de Diego Hurtado de Mendoza segundo marqués de Santillana, y era hija de María de Luna, tía del condestable, y de Juan Hurtado de Mendoza y Castilla. Así que no era nada extraño que quisieran casar a sus hijos.

 

 

Boda de María de Berry y Felipe de Artois, 1393, Crónicas de Jean Froissart, escritas entre 1373 y 1400, The British  Library, Harley MS 4380, f 6r.

 

 

Ambos hablaron del matrimonio: María de Luna y Pimentel con el heredero Íñigo López de Mendoza, un joven muy culto de parecida edad a María, buen guerrero y amante de las letras y las artes como su abuelo. En aquellos días la condesa se encontraba en Guadalajara, y las negociaciones con el marqués habían llegado a un acuerdo, por lo que se reunieron para firmar la escritura de capitulaciones el 21 de marzo de 1459. Y el día 30 volvían a encontrarse para continuar con la formalidad, primero en Guadalajara y después en Ayllón que era patrimonio del condado de San Esteban, ahora de su nieta y que Juana controlaba como tutora. Al mismo tiempo, como señora de Montalbán, con Diego Hurtado de Mendoza y Juan de Luna y Mendoza, alcaide de Soria, y sobrino de Álvaro de Luna, firmaban una confederación nobiliaria y pleito homenaje para su cumplimiento, (1) porque necesitaban apoyarse frente a las maquinaciones de Juan Pacheco y la conducta del rey.

Juana Pimentel y Diego Hurtado se comprometían a pedir dispensa de matrimonio al papa por la consaguinidad de los novios, que eran familia por parte de los Luna y los Mendoza. Las condiciones eran propias de dos familias de la alta nobleza, Juana aportaba 1000 vasallos que rentaban 200.000 maravedíes al año, y daría a su hija 30.000 florines en ajuar y joyas. El marqués daba a su hijo otros 1000 vasallos asentados en la villa de Saldaña y su tierra, con renta de 400.000 maravedíes anuales o en otras villas que no fueran de mayorazgo; y en concepto de arras daría a la novia 600.000 maravedíes, además de ropas y objetos necesarios para su adorno, y se haría ante Pedro González de Mendoza, obispo de Calahorra, tío de Íñigo, y realmente cabeza y jerarca de la casa de los Mendoza, y Juan de Luna, el sobrino del condestable, que permanecía fiel a su familia y actuaba con el cariño y la dedicación de un hijo.

El marqués fundaría un mayorazgo a favor de Íñigo antes del matrimonio, con las villas y heredamientos que él había recibido de su padre y que abarcaba un riquísimo patrimonio en los alrededores de Guadalajara, Madrid, Álava, Castilla y Asturias de Santillana. (2) El proyecto era que el matrimonio se celebrase al año siguiente de 1460, pero las circunstancias cambiaron y les obligaron a llevarlo a cabo de otra forma.

El acuerdo de boda fue conocido por Juan Pacheco que inmediatamente presionó al monarca para que interviniera. La mano del valido estará detrás de las decisiones que va a tomar el rey, el privado estaba furioso con el compromiso de matrimonio de María de Luna y Pimentel e Íñigo López de Mendoza, no quería perder la oportunidad de conseguir a la hija, y trató de impedirlo.

 

 

Enrique IV de Castilla, parte de miniatura de Itinerarium de G. von Ehingen, Wurtemberg Land Bible,cod.hist.qt.141. S.85,

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_IV_de_Castilla#/media/Archivo:Enrique_IV_de_Castilla_cropped


 

Primero se dedicó a convencer a Enrique IV de lo desleal y peligroso que era Juan de Luna y Mendoza, sobrino del condestable, que gobernaba la administración de los bienes de la nieta de aquel, ayudaba a la familia en cualquier servicio que necesitara, y en ese momento se encontraba en aquellos territorios. La ambición por aquel patrimonio y su título le reconcomía. Resulta vergonzoso y sorprendente que por la influencia del privado, Enrique IV moviera lo que movió, yéndose en abril a Ayllón a detener por falsas acusaciones, a Juan de Luna a quien amenazó de condena de muerte, (3) que no sólo acató al rey sino que se comprometió a devolver castillos y villas que administraba en nombre de la condesa de San Esteban, A primeros de mayo se firmaban las capitulaciones entre Juan de Luna y el rey sobre las fortalezas que aquel le entregaba. (4)

Amonestó a Juana, que se encontraba también en Ayllón con su hija y su nieta, criticando su forma de llevar la tutela de esta, y le advirtió de que se la quitaría si no se enmendaba. Juana se había marchado a sus tierras allende los puertos mandada por el rey. Allí poco después fue cercada por orden del monarca porque había enviado cartas dando órdenes contra ella, al mariscal y al alcaide de los alcázares de Toledo para que cercaran, combatieran y tomaran por la fuerza los castillos de la Puebla de Montalbán, La Adrada, Arenas y Castil de Bayuela, todos pertenecientes a la condesa. Los argumentos del rey son teatrales, faltos de contenido, realmente estaban dictados por la ira de su mayordomo mayor Juan Pacheco. La condesa de Montalbán estuvo cercada por el mariscal Payo de Rivera y el alcaide de los alcázares de Toledo con gentes de aquella ciudad y sus tierras, hasta que después del compromiso de Juana, el 6 de mayo Enrique ordenaba a los cercadores dejarla salir libre de la fortaleza a ella y a sus dependientes. (5) En una real provisión de la misma fecha manda que se le devuelvan todas las fortaleza, villas y lugares que le había sido confiscadas por su orden. (6) También le enviaba una cédula en la que le prometía y aseguraba sobre su real palabra a ella, a su hija María y a su nieta Juana que no le serían tomadas sus casas, fortalezas, villas y lugares. (7) 

 

 

Puerta Rabanera, Soria, España sus monumentos y arte, Nicolás Rabanal, dibujos a pluma: Isidro Gil, 1889, https://bibliotecadigital.jcyl.es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=10065732


 

En el castillo de Alfaro, donde había seguidores de Juan de Luna y Mendoza y del fallecido condestable, se rebelaron al saber que el rey lo había detenido, y este tuvo que mandar a dos de sus vasallos para que fueran a combatirla. Ya en Soria, de la que Juan de Luna y Mendoza poseía la tenencia de la ciudad y la fortaleza, y era su vasallo, guarda mayor y miembro del consejo real, Enrique pretendía que fuera ajusticiado, por lo que el noble le entregó todas las propiedades de la pequeña condesa de San Esteban de Gormaz de las que él era gobernador y le hizo pleito homenaje de servirle y obedecerlo. El 20 de mayo en Soria el rey finalmente perdonaba a sus seguidores que se habían levantado en Alfaro. (8) A continuación para quitarle de en medio, porque era un estorbo para el proyecto de su valido, lo desterró y tuvo que partir para el reino de Aragón.

El 9 de junio el monarca y el marqués de Villena, Juan Pacheco firman unas capitulaciones con Juana Pimentel por las que entre otros acuerdos el rey le hace merced de las fortalezas de Montalbán, Arenas y La Adrada. (9) No acabarían aquí los problemas que el valido provocará a Juana, que tendrá que seguir luchando por defender a su nieta y a su patrimonio.

Otro conflicto pendiente, en este caso en la casa de los Mendoza, volverá a aparecer. En 1441, tiempos de Juan II, el condestable Álvaro de Luna le había sugerido que diera la villa de Guadalajara al príncipe Enrique, para quitársela a su enemigo Íñigo López de Mendoza que andaba enfrentándosele con maquinaciones en los bandos nobiliarios. Mendoza resistió el envite y no lo permitió, tomando él la fortaleza de Alcalá la Vieja (hoy de Henares) que pertenecía al arzobispo de Toledo, hermanastro de Luna, que este sitió y le quitó. Como Íñigo cambiaba de bando según sus intereses, tiempo después su participación a favor del rey en la batalla de Olmedo le facilitó el marquesado de Santillana y el ducado del Real de Manzanares. La posesión de Guadalajara quedó en suspenso para Enrique. 

 

 

Iglesia de Santa María, Guadalajara, España artística y monumental, dibujos: de G. Pérez Villaamil, texto: P. de la Escosura, litografías: vv.aa., 1850, https://es.wikipedia.org/wiki/Concatedral_de_Guadalajara#/media/Archivo:1850


 

Y en este otoño de 1459 volvía a resurgir como forma de humillar al II marqués de Santillana por comprometer a su heredero con la hija de Juana Pimentel. Enrique IV mandó tomar la villa, donde las tropas fueron ayudadas por algunos caballeros de Guadalajara. Como el rey se acercara hacia allí con más gentes de armas, Diego Hurtado de Mendoza salió y fue a refugiarse con su familia en el castillo de Hita, también de su propiedad. Cuando Juana conoció la noticia comprobó que el rey y su privado estaban dispuestos a realizar cualquier maniobra con tal de obtener sus deseos.

En marzo de 1460 el monarca se presentó en Guadalajara, y obligó al marqués, que había regresado a su palacio, a darle el alcázar de la villa. Era también un castigo instigado por el mismo manipulador, y según Francisco Layna le hacía salir de la ciudad por un tiempo. Para evitar la boda entre los dos jóvenes, el rey “(…) puso guarniciones propias en los castillos de la condesa de Montalbán so pretexto de intervenirlos transitoriamente, pero en rigor para evitar alguna mala pasada de los Mendoza pues ya Pacheco tenía noticias del proyecto matrimonial que uniría más a ambas familias dando al traste con las ambiciones de aquél, y pasado algún tiempo hizo que don Enrique escribiese a doña Juana instándola a que consintiera la boda de su hija con Diego López Pacheco, carta que mereció una respuesta evasiva y dilatoria aunque respetuosa.” (10) 

 

Notas


(1) Archivo Histórico de Nobleza, OSUNA,C.1860,D.9.

(2) VV.AA. Documentos sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, vol. 1, docs. 1294 y 1298. Dirección: Ladero Quesada, Miguel A., Olivera Serrano, César. Universidad Carlos III de Madrid, 2016.

(3) Enríquez del Castillo, Diego, Crónica del rey D. Enrique IV, pp. 31 y 32, Madrid, 1787.

(4) Archivo Histórico de la Nobleza, FRIAS,C.95,D.10-11.

(5) Ibidem, FRIAS,C.126,D.24.

(6) Ibidem, FRIAS,C.95,D.14-15.

(7) Ibidem, FRIAS,C.95,D.12.

(8) VV. AA. Documentos sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, vol. 1, doc. 1316. Dirección: Ladero Quesada, Miguel A., Olivera Serrano, César. Universidad Carlos III de Madrid, 2016.

(9) Archivo Histórico de la Nobleza, FRIAS,C..126,D.27-28.

(10) Layna Serrano, Francisco, Historia de Guadalajara y sus Mendoza en los siglos XV y XVI, Tomo II, p. 112, CSIC, Instituto Jerónimo Zurita, Aldus, S. A. Madrid, 1942. https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/es/consulta/

 




jueves, 28 de septiembre de 2023

17. El desafío de Juana al rey Enrique IV (I).

 



Desde la muerte de Álvaro de Luna, Juana ha sufrido desgracias y penas, a parte de tener que enfrentarse a atropellos, agravios y persecuciones por la codicia de Juan Pacheco y la debilidad del rey. Si Juan II había sido despiadado, ingrato y despreciable con su fiel condestable de Castilla, sin embargo había respetado la herencia de su hijo Juan de Luna y los bienes de Juana Pimentel, pero Enrique IV, tan débil e incapaz como su padre, además se ensañará con Juana por los deseos de Juan Pacheco, llegando a una conducta rastrera e impropia de un monarca. Para la condesa de Montalbán será un tiempo de esfuerzo y derroche de energía para mantener a flote el patrimonio que quedaba de su esposo, pero sobre todo de salvar a sus descendientes de las garras del mayordomo mayor del rey.


 

Escudo de Álvaro de Luna en el castillo de Arenas de San Pedro,https://tietarteve.com/castillo-arenasdesanpedro-escudos-heraldicos/

 

El año 1461 había traído a Juana en su propio palacio de Arenas la alegría del primer nieto varón, ahora además de la pequeña Juana de Luna que se criaba con ella, tendrá durante un tiempo a los dos. Pero ese año va a dar un viraje y le causará mucho sufrimiento y dolor. Tendrá que extraer su lado más combativo y enérgico para luchar contra Juan Pacheco e incluso con Enrique IV.

El enredo urdido había requerido que el rey mandara a Juana a sus tierras allende los puertos: Arenas, Montalbán o La Adrada, de tal forma que no pudiera gobernar y administrar el patrimonio de su nieta, por ello la acusaba de tenerlo muy mal gobernado. La trampa estaba echada. Hubo conversaciones para detener aquel atropello y Juana aparentemente claudicó ante las fuerzas del monarca.

Entonces sin fecha exacta ni lugar, este mandaba escribir un texto ante los integrantes de su consejo en que contaba cómo había cercado Ayllón y San Esteban de Gormaz, y vituperaba y difamaba tanto a Juana Pimentel, como tutora de su nieta, y a Juan de Luna y Mendoza como gobernador de los territorios de la niña condesa, porque trataba de quitarle las obligaciones dadas en el testamento del padre de esta. Ahora le retiraba la tutela y administración de aquel patrimonio y pedía al consejo decidiera qué personas debían ser sus tutoras y administradoras. (1)

 


Privilegio de Enrique IV de Castilla al Monasterio de San Salvador de Lourenzá, Archivo Histórico Nacional, SIGIL-SELLO,C.3,N.28,

 


En la carta hay espacios en blanco para la fecha, el lugar y el nombre de la persona elegida para ser tutora de la pequeña. Mientras, en otra carta sin fecha ni lugar, ordenaba que Juan Pacheco, su privado, tuviera las fortalezas, villas y lugares del patrimonio de la condesa de San Esteban, y al mismo tiempo le decía que “(…) el rey no permitiría que nadie la provea de tutor, salvo a la persona o personas que el marqués de Villena quisiere y nombrara; (…).” (2)

El montaje del rey y su privilegiado era escandaloso por los procedimientos realizados sobre mentiras, y antinatural arrancando una nieta del lado de su abuela, para ponerla en manos de extraños. Acuciada por las medidas tomadas por el monarca y por la presión continua de Juan Pacheco, Juana fue obligada a nombrar como tutor a un hombre de este, y desde el castillo de Montalbán envió a Enrique IV un escrito que presentaba su secretario ante él en Aranda de Duero el 10 de abril.

Se trataba de una súplica firmada por ella en febrero, en la que exponía que mientras regía y administraba las posesiones de su nieta por legado testamentario de su hijo, había tenido su domicilio y morada en las villas de San Esteban, en Ayllón y otros lugares pertenecientes a su nieta, pero después por mandato del propio rey había tenido que mudarse a Montalbán y otras villas y lugares que ella tenía allende los puertos. Así que no podía regir adecuadamente los bienes de su nieta que era un patrimonio muy grande, “(…) é por estar doliente é non bien dispuesta de mi persona non puedo ver nin andar por mis villas é lugares é de la dicha condesa mi nieta, nin regirlas nin administrarlas como queria é debria é era menester é menos podré de aquí delante, é este impedimento e é será perpetuo segund que todo esto á vuestra alteza es notorio.” (3) Juana pedía ser excusada por Enrique IV de regir y administrar las posesiones del condado de San Esteban de Gormaz y que proveyera de uno o dos tutores, personas buenas y virtuosas. Nombraba al licenciado Miguel Ruiz de Tragacete, oidor de la audiencia. El rey consultó con su consejo que consideraron adecuado el nombramiento del tutor. De nuevo era una farsa.

 

 

 

Castillo de Belmonte, Cuenca, Recuerdos y Bellezas de España, texto: J. M. Quadrado, dibujos y litografías: F. J. Parcerisa, http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000187033&page=1


El texto demuestra la forzada sumisión de Juana, pues aunque el personaje fuera “persona sin sospecha”, estaba al servicio del marqués de Villena y puso como fiadores de su palabra al mayordomo del marqués y al mayordomo de la marquesa. El tutor no sólo tenía que regir y administrar los bienes de la condesa, sino que tenía que hacerse cargo de su cuidado y salud, educarla y criarla en su casa. Pero la realidad era que el tutor de la niña, y el administrador y gobernador de su patrimonio era Juan Pacheco, como la crónica recoge cuando por fin case a su hijo con la condesa de San Esteban en 1469, se dirá que la joven estaba en poder de Juan Pacheco, y Diego López Pacheco, “(…) casó con la Condesa de Santistevan, hija del Conde Don Juan de Luna (y Pimentel), é nieta del Maestre Don Alvaro de Luna, la qual tenia en su poder desde que Don Juan de Luna (y Mendoza) fue preso é destruido.” (4)

La entrega de su nieta a las personas que enviaría el rey, seguramente algunas damas de la casa del marqués de Villena, escoltadas por un grupo de caballeros y escuderos de la misma procedencia, pudo realizarse en Montalbán, no sabemos en qué fecha. Tampoco conocemos cómo se desarrolló, pero es seguro que fue una experiencia traumática y muy dolorosa para abuela y nieta, una niña de cinco años que marcharía con su aya y algunas mujeres a su servicio.


Ventana del castillo de Belmonte, donde vivió Juana de Luna y Zúñiga, nieta de Juana Pimentel, Recuerdos y Bellezas de España, texto: J. M. Quadrado, dibujos y litografías F. J. Parcerisa, http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000187033&page=1

 

 

¿Cómo sería la infancia y adolescencia de Juana de Luna y Zúñiga. Hasta ahora había estado rodeada del cariño de su abuela, pero a partir de ahí pasó a manos de desconocidos como la familia de Juan Pacheco, casada con trece años con un hombre de veintidós, del que tuvo un hijo, al parecer paralítico. (5) En aquel tiempo las mujeres eran utilizadas para unos fines muy concretos en pactos de familia y obtención de patrimonios, y en este caso   obligada por el valido, apoyado por un monarca sin escrúpulos, inútil y sin carácter, por encima de los deseos de su abuela y legal tutora. Juana de Luna y Zúñiga fallecerá en el castillo de Belmonte cuando contaba a penas veinticuatro años. Apartada de su familia desde niña, no tenemos noticias de que volviera a tener relación con su tía ni con su abuela.


Notas

(1) Memorias de Don Enrique IV de Castilla, tomo II colección diplomática compilada y ordenada por la RAH, doc. LXIV, Madrid, 1835 – 1913.

(2) Ibidem, doc. LXV.

(3) Ibidem, doc. LXVI.

(4) Enríquez del Castillo, Diego, Crónica del rey D. Enrique IV, p. 235, Madrid, 1787.

(5) Huarte y Echenique, Amalio, Doña Juana Pimentel, señora del castillos de Alamín, (1453 – 62), nota 5, pp. 274 y 275, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. (Cuarta época, año V), Tomo LVII, Madrid, 1951, n.º 2.


1. En un principio... 1431.

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