Mostrando entradas con la etiqueta Guadalajara. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guadalajara. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de septiembre de 2023

15. Enrique IV, rey de Castilla y de León.

 



Tras la muerte del condestable y la del rey Juan II, fue coronado Enrique IV, un hombre débil y manipulable, que desde muy joven se rodeaba de personajes sin escrúpulos, astutos y ambiciosos, como Juan Pacheco y otros que vendrán después, y le favorecía desmedidamente en todo lo que deseaba. Llevaba una carrera parecida a la de Álvaro de Luna, a quien seguía e imitaba, con la importante diferencia de que este siempre fue leal a Juan II y luchó denodadamente para que mantuviera la corona, mientras que Juan Pacheco traicionará a Enrique, luchará contra él, simulará con otros nobles su deposición en Ávila en 1465 y proclamarán rey a su hermanastro Alfonso, un niño entonces. Entre las apetencias insaciables del nuevo privado estaba hacerse con buena parte del patrimonio de Álvaro de Luna, a través del matrimonio de su hijo y heredero, Diego López Pacheco y Portocarrero, con María de Luna y Pimentel hija de aquel y de la condesa, que iba a tener una importante dote.

 

 

Miniatura retrato de Enrique IV en la E de inicio de un privilegio rodado a Juan Pacheco, AHN, Nobleza, Frias,CP.34,D17

 

Juana no olvidaba que Pacheco había contribuido a la muerte de su esposo, a pesar de haber sido su deudo, criados en su casa y presentados en la corte él y su hermano Pedro Girón, por el condestable. Se negó a esa propuesta, no dejaría que su querida hija María y su dote cayeran en manos del codicioso privado, ahora preferido de Enrique IV. Después comprobaría que Pacheco seguiría persiguiendo su objetivo, quería el patrimonio y título de su casa; podrá salvar a su hija, pero con su nieta no podrá evitarlo, porque por medio estaba el poder del rey Enrique, que para complacer a su privado pasará por encima de los derechos de Juana y utilizará la difamación y la mentira para confiscarle los bienes y quitarle la tutela de su nieta con una fórmula despreciable e impropia de un rey.

La condesa empezó a buscar cómo impedir que Pacheco casara a su hijo con María. La casa de los Mendoza era muy poderosa y rica y también tenía mala relación con el privado del rey e incluso con este. En 1458 había fallecido el primer marqués de Santillana, Íñigo López de Mendoza, y había heredado el título Diego Hurtado de Mendoza. Juana tenía lazos familiares con ellos a través de su bisabuelo, Pedro González de Mendoza, que también lo era del actual marqués. Hay autores que destacan el interés de los Mendoza por hacerse con el patrimonio de Álvaro de Luna como explicación de esta boda, (interés que desde luego existiría) pero no recuerdan en sus textos esa relación parental que en las casas nobles era un lazo importante para acordar matrimonios y que incluía el aspecto patrimonial. Además de ese parentesco, había relación con los Luna y por tanto con Álvaro, pues Brianda de Luna había sido la primera esposa de Diego Hurtado de Mendoza segundo marqués de Santillana, y era hija de María de Luna, tía del condestable, y de Juan Hurtado de Mendoza y Castilla. Así que no era nada extraño que quisieran casar a sus hijos.

 

 

Boda de María de Berry y Felipe de Artois, 1393, Crónicas de Jean Froissart, escritas entre 1373 y 1400, The British  Library, Harley MS 4380, f 6r.

 

 

Ambos hablaron del matrimonio: María de Luna y Pimentel con el heredero Íñigo López de Mendoza, un joven muy culto de parecida edad a María, buen guerrero y amante de las letras y las artes como su abuelo. En aquellos días la condesa se encontraba en Guadalajara, y las negociaciones con el marqués habían llegado a un acuerdo, por lo que se reunieron para firmar la escritura de capitulaciones el 21 de marzo de 1459. Y el día 30 volvían a encontrarse para continuar con la formalidad, primero en Guadalajara y después en Ayllón que era patrimonio del condado de San Esteban, ahora de su nieta y que Juana controlaba como tutora. Al mismo tiempo, como señora de Montalbán, con Diego Hurtado de Mendoza y Juan de Luna y Mendoza, alcaide de Soria, y sobrino de Álvaro de Luna, firmaban una confederación nobiliaria y pleito homenaje para su cumplimiento, (1) porque necesitaban apoyarse frente a las maquinaciones de Juan Pacheco y la conducta del rey.

Juana Pimentel y Diego Hurtado se comprometían a pedir dispensa de matrimonio al papa por la consaguinidad de los novios, que eran familia por parte de los Luna y los Mendoza. Las condiciones eran propias de dos familias de la alta nobleza, Juana aportaba 1000 vasallos que rentaban 200.000 maravedíes al año, y daría a su hija 30.000 florines en ajuar y joyas. El marqués daba a su hijo otros 1000 vasallos asentados en la villa de Saldaña y su tierra, con renta de 400.000 maravedíes anuales o en otras villas que no fueran de mayorazgo; y en concepto de arras daría a la novia 600.000 maravedíes, además de ropas y objetos necesarios para su adorno, y se haría ante Pedro González de Mendoza, obispo de Calahorra, tío de Íñigo, y realmente cabeza y jerarca de la casa de los Mendoza, y Juan de Luna, el sobrino del condestable, que permanecía fiel a su familia y actuaba con el cariño y la dedicación de un hijo.

El marqués fundaría un mayorazgo a favor de Íñigo antes del matrimonio, con las villas y heredamientos que él había recibido de su padre y que abarcaba un riquísimo patrimonio en los alrededores de Guadalajara, Madrid, Álava, Castilla y Asturias de Santillana. (2) El proyecto era que el matrimonio se celebrase al año siguiente de 1460, pero las circunstancias cambiaron y les obligaron a llevarlo a cabo de otra forma.

El acuerdo de boda fue conocido por Juan Pacheco que inmediatamente presionó al monarca para que interviniera. La mano del valido estará detrás de las decisiones que va a tomar el rey, el privado estaba furioso con el compromiso de matrimonio de María de Luna y Pimentel e Íñigo López de Mendoza, no quería perder la oportunidad de conseguir a la hija, y trató de impedirlo.

 

 

Enrique IV de Castilla, parte de miniatura de Itinerarium de G. von Ehingen, Wurtemberg Land Bible,cod.hist.qt.141. S.85,

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_IV_de_Castilla#/media/Archivo:Enrique_IV_de_Castilla_cropped


 

Primero se dedicó a convencer a Enrique IV de lo desleal y peligroso que era Juan de Luna y Mendoza, sobrino del condestable, que gobernaba la administración de los bienes de la nieta de aquel, ayudaba a la familia en cualquier servicio que necesitara, y en ese momento se encontraba en aquellos territorios. La ambición por aquel patrimonio y su título le reconcomía. Resulta vergonzoso y sorprendente que por la influencia del privado, Enrique IV moviera lo que movió, yéndose en abril a Ayllón a detener por falsas acusaciones, a Juan de Luna a quien amenazó de condena de muerte, (3) que no sólo acató al rey sino que se comprometió a devolver castillos y villas que administraba en nombre de la condesa de San Esteban, A primeros de mayo se firmaban las capitulaciones entre Juan de Luna y el rey sobre las fortalezas que aquel le entregaba. (4)

Amonestó a Juana, que se encontraba también en Ayllón con su hija y su nieta, criticando su forma de llevar la tutela de esta, y le advirtió de que se la quitaría si no se enmendaba. Juana se había marchado a sus tierras allende los puertos mandada por el rey. Allí poco después fue cercada por orden del monarca porque había enviado cartas dando órdenes contra ella, al mariscal y al alcaide de los alcázares de Toledo para que cercaran, combatieran y tomaran por la fuerza los castillos de la Puebla de Montalbán, La Adrada, Arenas y Castil de Bayuela, todos pertenecientes a la condesa. Los argumentos del rey son teatrales, faltos de contenido, realmente estaban dictados por la ira de su mayordomo mayor Juan Pacheco. La condesa de Montalbán estuvo cercada por el mariscal Payo de Rivera y el alcaide de los alcázares de Toledo con gentes de aquella ciudad y sus tierras, hasta que después del compromiso de Juana, el 6 de mayo Enrique ordenaba a los cercadores dejarla salir libre de la fortaleza a ella y a sus dependientes. (5) En una real provisión de la misma fecha manda que se le devuelvan todas las fortaleza, villas y lugares que le había sido confiscadas por su orden. (6) También le enviaba una cédula en la que le prometía y aseguraba sobre su real palabra a ella, a su hija María y a su nieta Juana que no le serían tomadas sus casas, fortalezas, villas y lugares. (7) 

 

 

Puerta Rabanera, Soria, España sus monumentos y arte, Nicolás Rabanal, dibujos a pluma: Isidro Gil, 1889, https://bibliotecadigital.jcyl.es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=10065732


 

En el castillo de Alfaro, donde había seguidores de Juan de Luna y Mendoza y del fallecido condestable, se rebelaron al saber que el rey lo había detenido, y este tuvo que mandar a dos de sus vasallos para que fueran a combatirla. Ya en Soria, de la que Juan de Luna y Mendoza poseía la tenencia de la ciudad y la fortaleza, y era su vasallo, guarda mayor y miembro del consejo real, Enrique pretendía que fuera ajusticiado, por lo que el noble le entregó todas las propiedades de la pequeña condesa de San Esteban de Gormaz de las que él era gobernador y le hizo pleito homenaje de servirle y obedecerlo. El 20 de mayo en Soria el rey finalmente perdonaba a sus seguidores que se habían levantado en Alfaro. (8) A continuación para quitarle de en medio, porque era un estorbo para el proyecto de su valido, lo desterró y tuvo que partir para el reino de Aragón.

El 9 de junio el monarca y el marqués de Villena, Juan Pacheco firman unas capitulaciones con Juana Pimentel por las que entre otros acuerdos el rey le hace merced de las fortalezas de Montalbán, Arenas y La Adrada. (9) No acabarían aquí los problemas que el valido provocará a Juana, que tendrá que seguir luchando por defender a su nieta y a su patrimonio.

Otro conflicto pendiente, en este caso en la casa de los Mendoza, volverá a aparecer. En 1441, tiempos de Juan II, el condestable Álvaro de Luna le había sugerido que diera la villa de Guadalajara al príncipe Enrique, para quitársela a su enemigo Íñigo López de Mendoza que andaba enfrentándosele con maquinaciones en los bandos nobiliarios. Mendoza resistió el envite y no lo permitió, tomando él la fortaleza de Alcalá la Vieja (hoy de Henares) que pertenecía al arzobispo de Toledo, hermanastro de Luna, que este sitió y le quitó. Como Íñigo cambiaba de bando según sus intereses, tiempo después su participación a favor del rey en la batalla de Olmedo le facilitó el marquesado de Santillana y el ducado del Real de Manzanares. La posesión de Guadalajara quedó en suspenso para Enrique. 

 

 

Iglesia de Santa María, Guadalajara, España artística y monumental, dibujos: de G. Pérez Villaamil, texto: P. de la Escosura, litografías: vv.aa., 1850, https://es.wikipedia.org/wiki/Concatedral_de_Guadalajara#/media/Archivo:1850


 

Y en este otoño de 1459 volvía a resurgir como forma de humillar al II marqués de Santillana por comprometer a su heredero con la hija de Juana Pimentel. Enrique IV mandó tomar la villa, donde las tropas fueron ayudadas por algunos caballeros de Guadalajara. Como el rey se acercara hacia allí con más gentes de armas, Diego Hurtado de Mendoza salió y fue a refugiarse con su familia en el castillo de Hita, también de su propiedad. Cuando Juana conoció la noticia comprobó que el rey y su privado estaban dispuestos a realizar cualquier maniobra con tal de obtener sus deseos.

En marzo de 1460 el monarca se presentó en Guadalajara, y obligó al marqués, que había regresado a su palacio, a darle el alcázar de la villa. Era también un castigo instigado por el mismo manipulador, y según Francisco Layna le hacía salir de la ciudad por un tiempo. Para evitar la boda entre los dos jóvenes, el rey “(…) puso guarniciones propias en los castillos de la condesa de Montalbán so pretexto de intervenirlos transitoriamente, pero en rigor para evitar alguna mala pasada de los Mendoza pues ya Pacheco tenía noticias del proyecto matrimonial que uniría más a ambas familias dando al traste con las ambiciones de aquél, y pasado algún tiempo hizo que don Enrique escribiese a doña Juana instándola a que consintiera la boda de su hija con Diego López Pacheco, carta que mereció una respuesta evasiva y dilatoria aunque respetuosa.” (10) 

 

Notas


(1) Archivo Histórico de Nobleza, OSUNA,C.1860,D.9.

(2) VV.AA. Documentos sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, vol. 1, docs. 1294 y 1298. Dirección: Ladero Quesada, Miguel A., Olivera Serrano, César. Universidad Carlos III de Madrid, 2016.

(3) Enríquez del Castillo, Diego, Crónica del rey D. Enrique IV, pp. 31 y 32, Madrid, 1787.

(4) Archivo Histórico de la Nobleza, FRIAS,C.95,D.10-11.

(5) Ibidem, FRIAS,C.126,D.24.

(6) Ibidem, FRIAS,C.95,D.14-15.

(7) Ibidem, FRIAS,C.95,D.12.

(8) VV. AA. Documentos sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, vol. 1, doc. 1316. Dirección: Ladero Quesada, Miguel A., Olivera Serrano, César. Universidad Carlos III de Madrid, 2016.

(9) Archivo Histórico de la Nobleza, FRIAS,C..126,D.27-28.

(10) Layna Serrano, Francisco, Historia de Guadalajara y sus Mendoza en los siglos XV y XVI, Tomo II, p. 112, CSIC, Instituto Jerónimo Zurita, Aldus, S. A. Madrid, 1942. https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/es/consulta/

 




miércoles, 27 de septiembre de 2023

19. Menos recursos y una vida recogida.

 

 

 

El rey perdonó a Juana en febrero de 1462 y acabó devolviéndole Arenas de Ferrerías con el castillo y la fortaleza, y con todos sus derechos, rentas y pechos, penas y caloñas; reconociéndole un juro de por vida de 125.000 maravedíes sobre rentas de la ciudad de Sevilla y los bienes que poseía en los castillos de Arenas y Montalbán. Más otros 100.000 maravedíes que también tenía en los libros de cuentas del rey. La condesa tuvo que hacer pleito homenaje de todo ello, texto que se encuentra en un borrador del Archivo General de Simancas, sin fecha, pero probablemente de febrero de 1462, diciendo que no acogería a Juan de Luna ni a ninguno de los suyos, “(…) excepto Furtado e don Alonso fijos del dicho Juan Luna mis criados que han de estar conmigo, (…).” (1) Juan de Luna y Mendoza regresó a la frontera con Aragón y se reintegró con su familia en aquel reino, donde luchará al lado del rey Juan II de aquella corona. A su lado, en el cerco sobre Lérida: “(…) y fue muerto de un tiro de lombarda un caballero castellano de los más preciados y estimados de aquella corte llamado don Juan de Luna.” (2) Efectivamente, en otro tiempo Juan de Luna fue un noble valorado por sus virtudes guerreras, y por la fidelidad a su tío el condestable y después a su tía, la condesa de Montalbán, de la que había tenido que despedirse para siempre. Fue herido de muerte en la guerra civil catalana, en el verano de 1464.



Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Arenas de San Pedro, www.TietarTeVe.com/iglesia-nuestra-senora-asuncion-arenasdesanpedro/

 

Durante lo que le quede de vida Juana vivirá apartada de la corte, no le interesaba participar en aquel ambiente corrupto, enrarecido de intrigas y envidias, en el que los privados se disputaban el poder y el favor del rey, y además ya no tenía nada que defender. Su hija María estaba integrada en la familia de los Mendoza, su nieta en la casa de su enemigo, del que no olvidará jamás que se la había quitado a la fuerza con la complicidad del monarca. Juan de Luna y Mendoza, al que apreciaba como a un hijo de Álvaro de Luna, se había marchado a la corte del reino de Aragón. Y ella se dedicaba a una vida de retiro, de oración y centrada en la gobernación de la hacienda que le quedaba, tendrá que prescindir de algunos servidores y oficiales porque había perdido mucho patrimonio. Sus costumbres se simplificaron para adaptarse a sus menores ingresos, ya no necesitaba lujos ni gastos superfluos, aunque seguía utilizando telas, vajilla, alfombras, muebles y objetos suntuosos adquiridos por Álvaro de Luna, y de los que no quería desprenderse. Muy mal recuerdo tendrá de los dos reyes Juan II y Enrique IV, ejemplos de falta de carácter y de ineptitud para el gobierno, el primero había mandado matar a su esposo inicuamente, y el segundo había facilitado que su privado se apropiara con mentiras y su apoyo, de su nieta y de su patrimonio.


 

Castillo de la Atalaya, Villena, propiedad de Juan Pacheco, https://turismovillena.com/portfolio/castillo-de-atalaya/

 

Además de Juan Pacheco, ya había en la corte otro protegido del rey que ascendía cada vez más en cargos y posesiones. En 1461 el monarca donaba a Beltrán de la Cueva, Colmenar de Arenas y las dehesas de Valdetiétar y la Figueruela. Esos pastos ricos para ganadería, tanto estable como trashumante, eran utilizados por Arenas de Ferrerías y Candeleda, propiedades que continuaban en manos de Juana, por lo que comenzará un enfrentamiento legal entre ellos.

Cuando los asuntos con el rey y el privado se sosegaron, Gonzalo Chacón ayudó a la condesa y consiguió el traslado de los restos del condestable a la capilla de Santiago en la catedral de Toledo, aunque no sabemos la fecha exacta. Este caballero se había criado en casa de Álvaro de Luna, y como hemos visto fue un fiel servidor de su señor, y que estuvo con él hasta sus últimos momentos. Era hijo del alguacil mayor del maestre en la Orden de Santiago, y por esa razón había sido educado por él, por lo que tuvo una magnífica crianza, como si de un hijo propio se tratase. Permaneció a su lado todo el tiempo y tras su muerte, siguió manteniendo muy buena relación con Juana y sus hijos. Se le atribuye la Crónica de don Álvaro de Luna, en la que muestra una imagen laudatoria del protagonista, casi literaria, de la historia de ese periodo. Más que una crónica parece una biografía, pero era lo que Chacón deseaba hacer, recordar las cualidades del condestable como un gran hombre, que efectivamente había sido, aunque también con un lado ambicioso, a veces duro y cruel (así era la sociedad entonces), astuto para perseguir sus objetivos cada vez más elevados, que el autor minimiza resaltando su mejor cara. Poco a poco se estaba rehabilitando la imagen del condestable que Juan II y los nobles habían ensuciado y envilecido hasta un extremo irreal.

Chacón había estado preso por su gran relación con él, pero en seguida estuvo en libertad vigilada, y procuró vivir sin llamar la atención, dada la inquina de Enrique IV a Álvaro de Luna y a su entorno, sin embargo, pronto se le encontrará sirviendo a la infanta Isabel de Castilla y a su hermano Alfonso, los hijos de Isabel de Portugal, viuda de Juan II, con problemas mentales desde su muerte, y retirada en Arévalo o Madrigal, lejos de los lujos de la corte. Un caballero honesto e íntegro, con su conocimiento de las ideas de su señor, el recuerdo de su ejemplo y vivencias con aquel hombre al que admiraba y quería profundamente como a un padre, contribuirá a la apreciación y valoración por parte de la infanta.

 


 

Gonzalo Chacón, anónimo, De pintor no identificado - https://eccehomo.zonalibre.org/archives/044455.html,Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=28915780


Y el talante de la futura Isabel I, tanto hacia Juana Pimentel como a su hija María de Luna y hacia la memoria de Álvaro de Luna, será muy diferente al de su hermanastro Enrique IV. Incluso Isabel y su hermano Alfonso irán con Chacón a ver la capilla fundada por él, “El qual (Gonzalo Chacón) como acaesciesse que fuesse con aquellos Infantes a Toledo, tovo manera de ir con ellos á ver una mucho notable capilla que el bienaventurado Maestre avia fundado á muy grand costa en la Iglesia Catedral de Toledo. De la qual vista se siguió, que de una intercession en otra, solicitandolo aquel caballero, finalmente á instancia de un Religioso Prior del Monesterio que disce de las Cuebas de Sevilla, el qual se llamaba Fray Fernando de Torres, el cuerpo del bienaventurado Maestre fué levado con mucho honor é solemnidad del Monesterio de Sant Francisco, donde estaba en Valladolid, á aquella capilla intitulada de Sanctiago, que assi avia fundado el bienaventurado Maestre, en la qual estan hoy sepultados su cuerpo, é el de su hermano Don Juan Arzobispo que fué de Toledo.” (3)

Gonzalo Chacón será contador y mayordomo mayor de la princesa y luego reina Isabel y continuará a su lado desde los tiempos más difíciles como hombre de gran confianza, por lo que obtendrá más cargos, y será encumbrado por los reyes Isabel y Fernando.


 

Virgen de los Reyes Católicos, pintor hispanoflamenco castellano, siglo XV, Museo Nacional del Prado, Madrid.


Una vez fallecido Enrique IV en 1474, Isabel se proclamaba reina de Castilla, y se producía la guerra civil entre sus partidarios y los de su sobrina Juana, hija del rey anterior. Pero Isabel, instalada su corte en el alcázar de Segovia, empezó a tomar decisiones y a ejercer como reina, y entre las medidas que adoptó se encontraba una que afectaba a Juana Pimentel, porque el 13 de febrero de 1476, los reyes católicos firmaban una cédula “(…) por la que ofrecen a los condes de Saldaña, Íñigo López de Mendoza y doña María de Luna, guardarles justicia en sus pretensiones a los bienes de Álvaro de Luna, condestable de Castilla, padre de doña María.” (4) Tras más de dieciséis años desde la persecución del rey Enrique IV por al patrimonio de su esposo, se reconocía como legítima sucesora a María de Luna y Pimentel, un paso muy importante para la rehabilitación de Álvaro, y Juana se sintió aliviada del sufrimiento que le había producido cómo la trató aquel rey y cómo le había quitado a su nieta.

Efectivamente hacia 1475, la guerra civil se había recrudecido entre los partidarios de las infantas Isabel y Juana. Las tierras del Alberche y el Tiétar también vivían las refriegas entre ambos bandos, y las disputas señoriales por la propiedad de villas y castillos que en otro tiempo habían sido de Álvaro de Luna, como La Adrada y Colmenar, por los que Juana Pimentel, el 25 de febrero de 1475 hacía una reclamación en la contienda que tenía con el duque de Alburquerque, (Beltrán de la Cueva). (5) En el caso del castillo de Alamín y otras posesiones, el obispo Pedro González de Mendoza, requerido por los reyes católicos para que estudiara el litigio, fallaba a favor de Íñigo López de Mendoza, María de Luna y Juana Pimentel, y que aquellos confirmaban después.

 

 

Casa tradicional, La Adrada, Ávila, fotografía: José Berlinches, https://laadrada.net/la-adrada-ayer-post/


 

En cuanto a San Martín de Valdeiglesias, Juana y su yerno Íñigo López de Mendoza, conde de Ledesma, tenían otro pleito con Gonzalo Ruiz de León, guarda mayor del rey Enrique IV. Durante la década de los años 70 Juana mantiene una gran actividad a pesar de su edad, avanzada para la época, pues en 1474 cumplía sesenta años, y participa junto con su hija y su yerno en sus exigencias y reclamaciones del patrimonio confiscado. Probablemente se estaba trasladando a vivir en Guadalajara con ellos, pero seguía personalmente esos asuntos en la zona de allende los puertos. En plena guerra civil el alcaide se encastilló en la fortaleza de San Martín, por lo que Íñigo López de Mendoza y Juana la asediaron. El heredero de la casa de Mendoza llevaba sus vasallos, pero Juana tenía la ayuda de los vecinos de Arenas de Ferrerías, como ella misma reconocerá cuando en 1487 done a los de Arenas las dehesas que poseía, con la condición de que no las enajenaran: “En pago de los muchos, buenos y leales servicios que continuamente me habéis hecho y en especial por el gran servicio que de vosotros recibí en el cerco que yo puse a mi villa de San Martín de Valdeiglesias donde me servisteis lealmente con cuarenta peones durante cien días y por ese servicio tuvisteis grandes gastos y daños en vuestras personas y haciendas y me fuisteis de mucha ayuda para que yo recobrase mi villa de San Martín que indebidamente me había sido usurpada.” (6)

Íñigo López de Mendoza asaltaba la fortaleza y conseguía su objetivo. En octubre de 1479 Juana había confirmado el mercado franco semanal a la villa, y ya fallecida en noviembre de 1488, unos días después los duques habían confirmado los usos y costumbres de la villa. Posteriormente, en 1490 él y su esposa volvían a confirmar los privilegios de mercado franco y de usos y costumbres de la villa, en agradecimiento a “(…) la mucha lealtad e amor que vos el conçexo, justiçia, rrexidores, ofiçiales e omes buenos de la villa de San Martín e todos los veçinos e moradores della, christianos e judíos e moros siempre tubistes con la dicha señora condesa nuestra señora madre que gloria aya e con nosotros ansi en vida de la dicha señora al tiempo del sitio e çerco que yo el dicho duque puse sobre vuestra fortalesa de la dicha villa de San Martín, donde con muchos trabaxos de buestras personas e gastos e perdidas de buestras haziendas nos servistes como en otros diversos tienpos en que nos feçistes muchos e buenos e agradables serviçios los quales a nos son çiertos (…).” (7)

Unos meses más tarde en septiembre, Ruiz de León acabó vendiendo la villa a María de Luna y Pimentel. Poco a poco tanto esta, como duquesa del Infantado, gracias al apoyo de su esposo y de Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo desde 1482, había ido obteniendo la recuperación de buena parte del patrimonio de Álvaro de Luna que le correspondía. Juana veía con alegría esos triunfos, frente a los que les habían despojado de sus posesiones y de la herencia de su hija.


Notas

(1) Huarte y Echenique, Amalio, Doña Juana Pimentel, señora del castillos de Alamín, (1453 – 62), doc. V, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos,
(Cuarta época, año V), Tomo LVII, Madrid, 1951, n.º 2.

(2) Zurita, Jerónimo, Anales de la corona de Aragón, libro XVII, cap. LV, (p. 249) Ed.  Canellas López, A., Ed. electrónica Iso, J. J., Libros en red.

(3) Chacón, Gonzalo, Crónica de D. Álvaro de Luna, Condestable de los reynos de
Castilla y de Leó
n, pp. 383 y 384. Edición y apéndices de Joseph Miguel de Flores, Madrid, 1784.

(4) Colección Salazar y Castro, M-9, fº 295 y 295 v. RAH.

(5) Archivo Histórico de la Nobleza, OSUNA,C.1740,D.3(4)

(6) Tejero Robledo, Eduardo, El castillo de Arenas, López Dávalos y Juana de Pimentel, pp. 21 y 22, Trasierra, 5, 2002.

(7) García Garcimartín, Hugo J., Articulación jurisdiccional y dinámica socioeconómica de un espacio natural: la cuenca del Alberche (siglos XII – XV),
tesis doctoral, doc. 24 pp. 916 y 917, Madrid, 2002.














domingo, 24 de septiembre de 2023

21. El palacio de Guadalajara, el más hermoso de toda Castilla.

 





Palacio de los duques del Infantado, Guadalajara, España artística y monumental, dibujos: G. Pérez Villaamil, texto: P. de la Escosura, litografías: vv.aa., https://ddd.uab.cat/record/59987

                  

 

El palacio de Guadalajara iba muy avanzado, ya estaba construida la fachada, el patio y numerosas estancias, y seguían habitando en la casa palacio del obispo Pedro González de Mendoza, tío del duque, que les tenía con mucho gusto, pues él estaba más en la corte con los reyes, en viajes de embajadas o en la guerra de Granada. En 1486, Juana, María y su hija Francisca vieron partir al señor de la casa, Íñigo López de Mendoza, para la nueva campaña, que en esta ocasión había decidido ir él en persona con quinientos hombres de armas a la gineta y a la guisa, y peones de su tierra. Según la crónica: “(…) é fizo grandes costas en los arreos de su persona, é de los fijosdalgo que viniéron con él. Entre los quales se fallaron cinqüenta paramentos de caballos de paño brocados de oro, é todos los otros de seda, é los otros arreos de guarniciones muy ricas.” (1) El duque del Infantado, que tanto gustaba de rodearse de belleza y elegancia, en eso era similar a Álvaro de Luna, partía a la guerra mostrando su riqueza y buen gusto. Estará combatiendo Loja, que el ejército castellano logró tomar. Allí se distinguió luchando notablemente un nieto del condestable, hijo de Pedro de Luna y Manuel señor de Fuentidueña, Álvaro de Luna y Ayala, y los reyes le premiaron con la alcaidía de la fortaleza y numerosas donaciones en la zona. Aunque Juana estaba ya muy mayor, al llegarle la noticia sentiría una enorme alegría de que un nieto de su esposo fuese valiente y tuviese tantas distinciones.

Después, el rey Fernando fue a tomar Íllora, donde el duque le pidió ir a combatir el arrabal para facilitar el ataque a la villa. Sus hombres se mostraban remisos porque era una acción muy expuesta, entonces Íñigo les hizo una arenga muy poderosa: “(…) en tiempo estamos de mostrar los corazones en la pelea, como mostramos los arreos en el alarde; é si os señalaste en los ricos jaeces, mejor os debeis señalar en las fuertes fazañas. Porque no es bien abundar en arreos, é fallecer en esfuerzo: é doblada disfamia habríamos habiendo tenido buen corazon para gastar, sino la toviésemos para pelear. Por ende como caballeros esforzados pospuesto el miedo, é propuesta la gloria, arremetamos contra los enemigos, y espero en Dios, que como ovimos la honra de homes bien arreados, la habremos de caballeros esforzados.” (2) Si el cronista ha recogido fielmente las palabras del duque, que dado su talante íntegro son muy posibles, mostraba claramente el valor que daba a portarse como caballeros a la hora de pelear con el enemigo y no sólo habiendo lucido la riqueza y elegancia de sus arreos y jaeces. Y sus hombres entraron en el arrabal sufriendo los tiros de piedras y saetas que les lanzaban los moros. Tras una encarnizada lucha entre castellanos y granadinos, estos se rindieron y la villa fue tomada.

 

 

Montefrío, Granada, De Daniel Sebastián Cueto - Castillo de Montefrío, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=89698579

 

A continuación el rey mandaba mover el Real a la villa de Moclín, que también se rindió. El siguiente objetivo fue talar la Vega de Granada y cercar la villa de Montefrío. Poco después se acababa la campaña de aquel año, y los reyes con la hueste regresaban hacia el norte.

Íñigo López de Menoza volvía a sus tierras con sus vasallos, caballeros y peones, de los que algunos habían perdido la vida y habían sido enterrados en aquellas nuevas tierras en manos del reino de Castilla. “(…) los quales la Reyna mandó recoger é sepultar en las iglesias que se fundáron en aquella villa.” (Moclín) (3)

En ese mismo año Juana debía de sentir el peso de la edad, y volvió a hacer testamento porque quería fundar mayorazgo en su hija María, y los reyes lo aprobaban, confirmaban y ratificaban el 10 de julio de 1486. Está claro que quería dejar sus bienes en manos de su hija, como sucesora femenina, y ella a su tiempo haría lo que considerase mejor cuando dictara sus voluntades. En 1487, todavía gestionaba cuestiones de Arenas, porque donaba a la villa su escribanía con cargo a censo. (4)

 
Notas

(1) del Pulgar, Hernando, Crónica de los señores reyes católicos don Fernando y doña Isabel de Castilla y de Aragón, p. 270. Valencia, 1780.

(2) Ibidem, p. 278.

(3) Ibidem, p. 280.

(4) Archivo Histórico de la Nobleza, OSUNA,C.1750,D.33.

1. En un principio... 1431.

      Hacía un frío gélido aquella mañana de enero de 1431 en Calabazanos, un lugar de la merindad de El Cerrato al sur de ...