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jueves, 5 de octubre de 2023

3. Los primeros años de matrimonio.



 

Primera parte



 

 


Castillo, dibujo de Pascó, página recortada de España, sus monumentos y artes, J. M. Quadrado y V. de la Fuente https://bibliotecavirtualmadrid.comunidad.madrid/bvmadrid_publicacion/es/consulta/registro.do?id=4182

 

 

Después de su casamiento, a Juana sólo se la verá en el espejo de su esposo, sin ningún protagonismo fuera del ámbito familiar y cortesano como esposa de…, a veces acompañándole con la corte y otras habitando en alguna de las mejores casas palacio de la pareja, especialmente Escalona. A pesar de la diferencia de edad debieron de congeniar, porque Álvaro era muy agradable de trato y de buen carácter, amaba a su familia y era cariñoso, escribía poemas, y los recitaba, cantaba y bailaba bien, se rodeaba de un ambiente culto de libros y música, tenía ministriles y músicos, y le ofrecía una vida tan lujosa o más que la de su familia. A ella su padre le había dado como dote Arenas de las Ferrerías de Ávila (hoy Arenas de San Pedro) con su castillo, una villa que tenía importantes rentas por poseer en su término ferrerías, forjas y la mina de hierro de La Tablada, además de bosques con caza, pesca en el río Tiétar y dehesas para el ganado. El condestable le entregó como arras la villa llamada entonces Ladrada o El Adrada (La Adrada) y sus aldeas, (1) y 10.000 florines de oro.

Juana se encontraba muy a gusto en Escalona en el palacio mudéjar que había construido el condestable dentro del castillo, y que había adornado lujosamente con caros tapices franceses, alfombras, aparadores para las costosas vajillas, manteles de suntuoso lino y las camas con paramentos y ropajes de telas de seda con bordados de oro. Porque antes de esa fecha había estado en la corte siguiendo a la reina, pero también en otras de sus casas.


 

Castillo de Escalona, rodeado por el río Alberche, dibujo de Pascó, España, sus monumentos y arte, J. M.Quadrado y V. de la  Fuente, https://bibliotecavirtualmadrid.comunidad.madrid/bvmadrid_publicacion/es/consulta/registro.do?id=4182


 

Era una hermosa villa amurallada en un terreno elevado sobre la margen derecha del río Alberche, con dehesas cercanas y una potente fortaleza unida a la muralla defensiva, que había pertenecido el siglo anterior al gran noble Juan Manuel, donde había nacido, pasado temporadas con su familia, y resistió en 1328 un asedio del rey Alfonso XI. En manos de Álvaro de Luna había sido reparada, y en su interior edificó una magnífica casa palacio para vivir habitualmente. La fortaleza tenía varias torres albarranas y a un lado de la plaza de armas se encontraba el castillo separado por un foso. “Fue una de las residencias más fastuosas del siglo XV cuando lo habitaba don Álvaro de Luna, (…).” (2)

Fue su hospedaje preferido y lo cuidaba especialmente, decidió que sería el hogar de su esposa e hijos. Consiguió otros lugares y villas aledañas, para formar un territorio seguro propio. La zona reunía unas condiciones muy buenas, poseía caza y pesca, bosques, prados, agua, era un paso del ganado de trashumancia con varias cañadas, había molinos, aceñas, un puente, horno, por lo que obtenía rentas de varias actividades. En ella centralizó su organización y allí convocaba a sus vasallos. 

 

Puente sobre el río Alberche a su paso por Escalona, https://www.diputoledo.es/galeria/11772

 

El mismo año que se casaron, él organizó una campaña militar para atacar el reino de Granada, y en marzo estaba con Juana en Escalona, con los preparativos de la expedición y esperando la llegada de sus vasallos, cuando en Semana Santa llegó el rey con su mesnada y la reina María le acompañaba. Juana tenía todo dispuesto para agasajarlos, estaba acostumbrada primero con su padre, y ahora con su esposo a la convivencia continuada y habitual con el monarca. Álvaro de Luna era su mano derecha, y participará en combates, consejos, reuniones, traslados o jornadas de caza acompañándole a él y a su corte. Los reyes pasaron la Pascua de Resurrección con ellos, (3) y asistieron a las ceremonias religiosas en la capilla que tenía el castillo.

Después los vio partir hacia el sureste camino de Toledo y le sacudió un escalofrío con su marcha, los guerreros se enfrentaban a serios peligros e incluso la muerte cuando iban en una expedición de guerra. El tiempo parecía detenerse en los castillos cuando la hueste marchaba, después de los ruidos y el griterío de la preparación de la salida. Ella volvía a sus tareas familiares y esperaba el regreso. La reina se quedó en Carmona mientras el rey iba hacia la frontera. Se dio una batalla cerca de Medina Elvira, después de haber quemado y talado la vega de Granada. Fue una gran victoria de Álvaro de Luna con las tropas castellanas, y el combate fue conocido como de La Higueruela. 

 


 
Sierra Elvira, en sus inmediaciones se produjo la batalla de La Higueruela, Granada, De Julionavas - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17234032


Juana expectante recibió al mensajero de Álvaro de Luna, era un joven de la casa, traía buen semblante, la dama se tranquilizó, le dijo que los cristianos habían vencido a los granadinos, el condestable le enviaba una carta, donde le contaba el éxito del enfrentamiento contra las numerosas tropas de Yusuf IX de Granada, y le pedía que tuviera todo dispuesto porque los reyes regresarían con él a Escalona, quería recibirles suntuosamente y ofrecer al rey una cacería de monte. (4) Ella puso en movimiento a todo el servicio del castillo para la recepción: había que sacrificar los carneros, gallinas y otros animales para los banquetes, aunque luego también hubiera venados y puercos de la caza; las cocinas se aprestaron para la enorme tarea que les aguardaba; tenían que montar un estrado con paramento para los monarcas en la sala llamada rica; sacar las vajillas más preciosas; colgar paños de seda y oro; traer romero, tomillo y lavanda frescos para el buen olor de las estancias; y los monteros prepararon todo lo necesario, como la jauría de perros sabuesos, alanos y lebreles. Cuando llegaron, ejerció de anfitriona con su gran encanto.

 

 

Música y baile, Taccuinum Sanitatis, Ibn Butlân, Ms Latin 9333, fol 102r. Source gallica.bnf.fr / BnF


 

Al rey le gustaba el ambiente festivo más que las obligaciones de gobierno, y escapar de las intrigas y enfrentamientos entre los nobles que buscaban detentar más poder y riqueza. Después en Ayllón la pareja volvió a festejar a los reyes en los últimos días de mayo.

Juan II tenía en palacio muchos poetas y músicos a sueldo. Con motivo de la pasada reunión de Cortes en Madrid en 1433, la corte se encontraba en la ciudad y Juana acompañó al condestable para asistir a las fiestas que se hicieron en abril con aquel motivo. Solían aposentarse en las casas de la collación de Santiago pertenecientes a Alfonso Álvarez de Toledo, consejero y contador mayor del rey, a pesar de haberle eximido de alojar huéspedes cuando la corte paraba en Madrid. (5) Se hizo una “justa de guerra bien notable”, en la que fueron mantenedores Íñigo López de Mendoza y su hijo Diego Hurtado con 25 caballeros de su casa; y Álvaro de Luna con sesenta de sus caballeros fueron aventureros. Al ser más estos últimos tuvieron los encuentros uno por uno. Después Íñigo López les dio una cena. (6)

En estas justas, cuando se realizaban en Madrid, el rey mandaba hacer las lizas en un campo llano que había bajo el alcázar. Se construían dos tablados grandes uno para el rey con los nobles que le acompañaban, y otro para la reina con todas las damas, tanto las de su casa como las que habían venido a ver las justas, como Juana Pimentel que pasaba temporadas siguiendo a su esposo. Se instalaban dos grandes tiendas, una a cada lado de la liza, donde los caballeros se armaban. (7)

 

Alcázar de Madrid, Jan Cornelisz Vermeyen, 1534, https://es.wikipedia.org/wiki/Real_Alc%C3%A1zar_de_Madrid#/media/Archivo:Alcazar_1534_1535

 


El mantenedor se encargaba de organizar, controlar y dirigir el acto que requería unas reglas y cierta complicación, tenía una gran tienda montada en el extremo del palenque para realizar su cometido. En los tablados había banderas, tapices y colgaduras. Era un ambiente colorido y animado, con asistencia de mucha gente, pues también había zonas reservadas para los ciudadanos de Madrid. El bullicio era general, pero cuando comenzaba las lides, el silencio era sepulcral, la plebe sabía que en ese silencio, una voz podía provocar un accidente en un combate y ellos perder la lengua.

También se realizaron “justas poéticas” en las que volvieron a brillar Íñigo López de Mendoza y Álvaro de Luna, ambos con gran talento tanto literario como caballeresco en el combate y en la guerra. De esas justas poéticas no nos ha llegado información de cómo se realizaban, por lo que vamos a tratar de componer una imagen posible utilizando las referencias a otros actos palaciegos en los que se mostraba la magnificencia del monarca y tomaban forma de espectáculo. Debía de efectuarse en un espacio cerrado, por razones de acústica, y de buenas dimensiones como una gran sala del alcázar que estaría muy adornada, con asientos para que el rey en su estrado, los grandes magnates, la reina, las damas y doncellas, y los prelados que estaban presentes, al lado y alrededor del monarca, pudieran seguir las lecturas, declamaciones y respuestas de los poetas que se enfrentaban. Probablemente entre una y otra intervención, un conjunto de ministriles, tiple, tenor y contratenor marcaría con una breve pieza el principio de cada actuación. Y mientras los participantes declamaban sus obras tal vez les acompañaba el suave sonido de un laúd o de una vihuela. La sala estaría engalanada para el acto que posiblemente era el preludio o el cierre de un banquete, por lo que habría tapices, colgaduras de seda y oro, paños con los escudos de armas del monarca, alfombras y otros adornos, y si había anochecido numerosas velas y candeleros.



Notas

(1) Huarte y Echenique, Amalio, Doña Juana Pimentel, señora del castillo de Alamín (1453 - 62), p. 271, Revista de archivos, bibliotecas y museos, (cuarta época, año V) Tomo LVII, n.º 2, Madrid, 1951.

(2) VV. AA. España gótica: Castilla. La Mancha, 2, pp. 142 a 144, ediciones Encuentro, Madrid, 1999.

(3) Pérez de Guzmán, Fernán, Crónica del señor rey don Juan II, p. 314, Valencia, 1779.

(4) Ibidem, p. 322.

(5) Puñal Fernández, Tomás, Alfonso Álvarez de Toledo, DB-e RAH.

(6) Pérez de Guzmán, Fernán, Op. cit. p. 338.

(7) Ibidem, p. 355.









4. Una corte muy festiva.

 

 


Al año siguiente en mayo, la pareja estaba en Valladolid y el condestable recibía al rey con una justa que había preparado para agasajarle, y en la que “(…) él salio con treinta Caballeros de la casa del Rey é suyos, los quince vestidos de verde, é los quince de amarillo. (…) justaron los verdes contra los amarillos, y el Rey salió por aventurero, é rompió una lanza en Diego Manrique hijo del adelantado Pero Manrique, que era uno de los mantenedores, (…).” (1) Después les ofrecía una cena a todos ellos y a otros caballeros de la corte. “(…) e a la noche el Condestable fizo mesa abierta a los cavalleros e mañana se fara una buena encamisada a los morisco (fiesta que se hacía de noche a caballo y con hachas encendidas) que la narrare a Vuestra Merced.” (2)

La cena se solía hacer antes de la puesta de sol y aunque en el día a día eran más bien frugales, con verduras y potajes, queso, pan, vino y frutas cocidas o asadas, en los banquetes regios que se daban en estas celebraciones después de justas, eran suntuosas, además de frutas y adornos de verduras se servían asados de jabalíes, venados y otras carnes con salsas especiadas, ya que demostraba el poder económico del anfitrión que podía hacerse traer especias de lejanos países y eran muy costosas. Ya existían manteles y piezas parecidas a las servilletas para el rey y los grandes nobles, y aguamaniles para las manos. La vajilla de Álvaro de Luna era espléndida, con platos, bandejas de plata, confiteros y copas de cristal con soportes de plata embellecidas con piedras preciosas o esmaltes, o copas de plata dorada muy adornadas. 

 

 

Justa en Betanzos ante Juan de Gante y Constanza de Castilla, en 1387, Crónicas de Jean Froissart, Siglo XV, https://es.wikipedia.org/wiki/Justa#/media/Archivo:Joust_John_Holland_Reginald_de_Roye

 

Cuando el rey quiso ir en romería al santuario de Guadalupe, Álvaro de Luna, que le acompañaba, le hizo una gran recepción en el castillo de Maqueda, donde le esperaba Juana, y del que había tomado posesión en junio de 1434, pues había hecho un trueque con el maestre de Calatrava, ya que era de esta Orden que la había fortalecido e instalado una encomienda. La villa estaba amurallada y tenía un potente castillo en un extremo de la muralla, estaba al sur camino de Toledo y completaba el territorio que el condestable quería poseer. Probablemente no tendría el lujo y la magnificencia de Escalona, porque su intercambio era reciente y no era residencia habitual, pero es seguro que el condestable se había encargado de dotar y acomodar sus estancias para recibir a los monarcas.

 


Catedral de Toledo, dibujos: G. Pérez Villaamil, texto: P de la Escosura, litografías: vv.aa., España artística y monumental, https://ddd.uab.cat/record/59987

 

Después, la pareja se fue a Toledo, donde el hermanastro de Álvaro de Luna, Juan de Cerezuela ya era arzobispo, por su mediación con el rey, que había forzado su elección. Querían construir una capilla panteón para la familia, “(…) é de alli el Condestable se vino para Toledo por ver una notable capilla que ende se hacía en la Iglesia mayor. (…) y el Rey y la Reyna tuviéron ende novenas, é pasadas se partiéron para Madrid, e viniéronse para Escalona, donde el Condestable les tenia aparejada gran fiesta, la qual acabada se viniéron á Madrid.” (3) Se trataba de cacerías por los bosques de la zona, banquetes con acompañamiento de músicos y bailes en el palacio de Escalona.

La sala principal lucía muy hermosa cuando Juana y Álvaro recibían a los reyes, con las paredes engalanadas con grandes tapices franceses que entonces eran muy valorados, el suelo cubierto de alfombras si era invierno o plantas aromáticas si era verano, el estrado del rey con paramento recubierto de terciopelo carmesí con el escudo de Castilla y de León, las mesas cubiertas de primorosos manteles de lino, sobre la que destacaban copas con pie de plata, con piedras preciosas o esmaltes, los aparadores mostrando las vajillas de plata y oro, la exquisitez de las numerosas bandejas y platos de asados bellamente presentados y servidos por los notables caballeros de la casa que iban ataviados muy lujosamente. Un grupo de ministriles tocaban sus instrumentos para amenizar la comida. Con todas estas celebraciones se ve el interés de la pareja por ofrecer al rey las mejores diversiones que eran de su gusto, y que esas eran las costumbres más habituales de la corte de Juan II, en cuanto era posible.

Hacia estas fechas Juana debió de quedarse embarazada por primera vez, lo que fue una gran alegría para los dos. En el último mes de la preñez permaneció en la corte que se hallaba en Madrid, para estar cerca de Álvaro y más tranquila. “Estando el Rey en Madrid en el dicho año (1435), nació al Condestable Don Álvaro de Luna un hijo que le llamaron Don Juan. El Rey é la Reyna le hiciéron gran fiesta al tiempo que fué baptizado, los quales fuéron padrino é madrina, é con ellos el Conde de Castañeda Don Garcifernandez Manrique é doña Beatriz hija del rey Don Dionis: é baptizolo el Obispo de Osma Don Pedro nieto del Rey Don Pedro, que despues fué Obispo de Palencia: é hízose la fiesta en la casa de Alfonso Álvarez de Toledo Contador mayor, donde el Condestable posaba: é allí comiéron el Rey é la Reyna con el Condestable, é despues de comer se hizo gran danza, é se dió colación á todos los Caballeros é Gentiles-Hombres que ende estaban. El Rey dió á la Condesa muger del Condestable un rubí, é un diamante de valor de mil doblas.” (4) El pequeño fue bautizado el domingo 3 de julio por Pedro, obispo de Osma y nieto del rey Pedro I.


 

 
Baile alegre, Roman de la rose, Oxford Bodleian Library, MS Douce 364, f. 83, https://es.wikipedia.org/wiki/Roman_de_la_Rose#/media/Archivo:BodleianDouce364Fol8rRomanRoseMirthGladnessLeadDance.

 

 

El médico de la corte del rey Juan II, Fernán Gómez de Cibdarreal escribió numerosas cartas a personajes relevantes de la nobleza y prelados, narrando hechos y añadiendo detalles que ilustran bien la etapa convulsa que se vivía. Asiste al bautizo del hijo de Juana y Álvaro de Luna y y cuenta a Fernando Álvarez de Toledo los bailes que se dieron: “(…) aca somos de festexos e alegrias ca fue solemne el baptiço del Condestable ca por el rey le llamaron Juan fueron su señoria e la reyna el padrino e madrina e tambien la infanta doña Beatriz fixa del rey don dionis e gar çi fernandez conde de Castañeda e a la noche en la posada de Alonso alvarez de toledo contador mayor del rey se fizo una buena zanbra morisca e otros bayles e una danza francesa e se dio colaçlon (colación) de pasta ato dos muy anplamente (…).” (5)

Antes del bautizo treinta caballeros de la casa del rey vestidos de blanco y treinta de la del condestable vestidos de amarillo, jugaron cañas. Después “(…) las fiestas fueron en la posada del Condestable, con el qual aquel dia comieron el Rey é la Reyna. E levantadas las mesas ovo muchas danzas, juegos e instrumentos de músicas: é se dieron muchas colaciones, non solamente á los caballeros que con el Rey eran; mas á los que por las calles las querian tomar.” (6)

En este tiempo que el gobierno del reino estaba en manos de Álvaro de Luna y caballeros de su confianza colocados en los puestos clave, el monarca va de fiesta en fiesta, porque al marcharse de Madrid, fue a Buitrago, villa de Íñigo López de Mendoza, que le había pedido que fuese porque quería “hacer sala” (dar espléndidos banquetes y otras diversiones y regocijos al rey y a toda la corte).


Castillo de Buitrago de Lozoya, propiedad de Íñigo López de Mendoza, I marqués de Santillana, https://buitrago.org/turismo/lugares-de-interes-patrimonio-medieval



Con motivo de la entrevista entre Juan II y su hermana María, reina de Aragón, en Soria en 1435, se realizaron también grandes festejos, con justas, danzas y momos, además de ricos banquetes. Muchos actos implicaban esa ostentación, una competición para ver quien ofrecía las más elegantes y suntuosas, por lo variadas, complejas y de larga duración. Después el condestable en Alcalá de Henares, villa de su hermano Juan de Cerezuela como arzobispo de Toledo, brindaba otras fiestas al monarca, y en la capital toledana con justas, toros y danzas, en agosto de 1436. Pero no sólo fueron festejos porque en Guadalajara el condestable, que era quien realmente gobernaba, convenció al rey de realizar unas ordenanzas y leyes para los oficiales relacionados con la justicia en todos sus niveles de las ciudades y villas, que se publicaron y enviaron por todo el reino. (7)



Notas


(1) Pérez de Guzmán, Fernán, Crónica del señor rey don Juan II, p. 343, Valencia, 1779.

(2) Gómez de Cibdarreal, Fernán, Centón Epistolario, Epístola lxii, p. 399, Edición e
introducción de Lola Pons Rodríguez, Lemir 20 (2016).

(3) Pérez de Guzmán, Fernán, Op. cit. p. 347.

(4) Ibidem, p. 353.

(5) Gómez de Cibdarreal, Fernán, Op. cit. Epístola lxviii, pp. 402 y 403.

(6) Chacón, Gonzalo, Crónica de D. Álvaro de Luna condestable de los reynos de Castilla y de León, pp. 128 y 129. Edición y apéndices por Josef Miguel de
Flores, Madrid, 1784.

(7) Pérez de Guzmán, Fernán, Op. cit. pp. 357, 359 y 361.

 











lunes, 2 de octubre de 2023

9. Una nueva reina en Castilla: Isabel de Portugal.

 


 


Isabel de Portugal llegaba a Castilla con su séquito en el verano de 1447 y en agosto se casaba con Juan II en Madrigal, ella tenía diecinueve años y él cuarenta y dos. La ceremonia se realizó en una sala del palacio real, que más tarde se convertiría en monasterio de Nuestra Señora de Gracia. Juana Pimentel acudió con Álvaro de Luna, había que festejar al rey y a su nueva esposa. Era irónico que al descendiente Trastámara le casó Pedro de Castilla, obispo de Palencia entonces, nieto del rey Pedro I asesinado por su hermanastro el primer Trastámara.

Juana estaba espléndida, mantenía la belleza heredada de su abuela. Iba poco a la corte por lo que fue muy agasajada por todos. Ella observó con agudeza a la nueva reina: era joven, hermosa y festiva. Juana con su mirada de mujer se percató de que aquella portuguesa iba a ejercer una gran influencia sobre el rey. Era un hombre mayor para le época, que había tenido una mujer a la que nunca había querido ni deseado, y de pronto tenía al lado una dama muy atractiva con un cuerpo provocador, no sería extraño que el deseo le arrebatara a partir de ese momento, y le manejara a su antojo.

 

Convento de Nuestra Señora de Gracia, antiguo palacio de Juan II de Castilla, Pueblos de España, Madrigal de las Altas Torres, cuna de Isabel la Católica, Revista Geográfica Española, Alonso de Encinas, dibujo: Miguel Ourvantzoff.


 

Álvaro de Luna permanecía en la corte siguiendo al rey y llevaban largo tiempo en guerras, batallas y asedios, en los que pasaba más tiempo que con su esposa e hijos. Cuando acabó la toma de los castillos de Astudillo y de Navarrete, quiso regresar a sus tierras junto a su familia. Era octubre de 1448, ya estaba entrando el invierno y añoraba el hogar, ahora que había paz en los reinos. “E como quiera que él deseaba mucho ir á aquella tierra suya, assi por ver á la Condesa, como al Conde Don Juan su fijo, é á su fija Doña Maria; é aún por ver aquella tierra suya de Escalona, é Sant Martin, é el Adrada: en la qual entre las otras que él tenia plascer, era por la templanza é bondad de la tierra, é por él ser muy montero, é aver en ella muy buenos montes de muchos puercos é osos, é otras animalias, (…).” (1)

Según Gonzalo Chacón fue el rey el que le animó a marchar un tiempo a su casa con los suyos. En Escalona, Juana y sus hijos le recibieron con los brazos abiertos, también los vasallos, y gentes de las villas. A su esposa le parecía un sueño volver a tener a su marido a su lado, le observó que mantenía aquel tipo delgado a pesar de los años, estaba más calvo, pero seguía tan encantador, cariñoso y vital como siempre.

 

 

Capilla del castillo de Escalona en la actualidad, Toledo, © Viceconsejería de Cultura y Deportes. www.cultura.castillalamancha.es 

 

Pero no duró mucho tiempo tenerle sólo para la familia, porque ya entrado el mes de diciembre llegaron mensajeros anunciando que los reyes venían a su casa palacio. Entonces hubo que centrarse en preparar su recibimiento. En el castillo y la villa comenzó una actividad febril. Álvaro de Luna llamó a los jóvenes que andaban en su casa y tierras y les dio buenos paños y sedas, para que previeran estar bien vestidos y dispuestos por lo que significaba la llegada de los reyes y realizar un torneo a caballo y otro a pie. Los monteros tenían que concertar monte (ir con los sabuesos al monte divididos por diversas partes, visitarlo, ver los lugares fragosos, y por huella y pista saber la caza que hay, el lugar donde está y la parte donde ha de ser corrida). Lo eligieron a una legua de Escalona por la parte que venía el monarca.

 

 

Cacería en el castillo de Torgau en honor de Carlos V, 1544, L. Cranach el Viejo, Museo Nacional del Prado, Madrid.

 

En un otero se prepararon cadalsos de madera, donde estuviese la reina con sus damas y doncellas, para que pudieran ver correr los venados. Cuando Iba a llegar Juan II, el condestable salió con sus nobles vestidos unos para el monte y otros muy elegantes. Delante de él, sus monteros, unos a caballo y otros a pie, con los lebreles y sabuesos. También marchaban atabales, ministriles y trompetas. Y según llegó la comitiva real, el maestre le ofreció la montería que se llevó a cabo en la zona prevista. Juana le acompañaba para hacer los honores al rey y a la reina, y se colocó con sus damas en una zona donde estaba Isabel.

Los caballeros portugueses que acompañaban a la reina, cuando llegaron al castillo y vieron a la puerta grande de entrada, cabezas de osos, de jabalíes y de otros animales salvajes quedaron asombrados. En medio del postigo de la puerta estaba clavada una gran piel de león que le había sido enviada por un rey moro de las tierras más allá del Estrecho.

 

 

Banquete de boda, Histoire d'Olivier de Castille y Artus d'Algarbe, Manuscritos, francés 12574, fol. 368, siglo XV, Philippe Camus, source gallica.bnf.fr / BnF


                   

Las grandes salas estaban adornadas de tapices franceses, paños de seda y de oro. Había una luz muy agradable, preparadas las mesas con todo los necesario. Enfrente estaban los aparadores que contenían las vajillas de oro y de plata, con copas, platos, bandejas, confiteros, barriles y cántaros. Para unas mesas se había dispuesto unas gradas con un paramento que se cubría en su cielo y en su espalda con paños ricos de brocado de oro. Con el rey comerían el arzobispo de Toledo y Beatriz hija de Dionis de Castro que estaba en la corte con la reina. Llegaron los maestresalas con los manjares, iban precedidos por ministriles, trompetas y tamboriles. Al finalizar el banquete se retiraron las mesas y bailaron los jóvenes con las doncellas.

Tras varios banquetes, se realizó el torneo a caballo en el patio delantero del alcázar. De una parte por capitán iba Pedro de Luna y Manuel, hijo del maestre, y de la otra Martín de Guzmán. El torneo a pie se llevó a cabo de noche en la sala rica con grandes hachas encendidas colgadas del techo y con asentamientos altos para el rey y la reina. Al día siguiente se daban una justas con sus mantenedores, donde los caballeros llevaban sus novedades e invenciones. Pasados ocho días el rey se marchaba porque la Pascua de Navidad se acercaba y quería tenerla en Madrid. Mientras que el maestre la tendría con su esposa en Escalona y en La Adrada. (2)

De nuevo surgían imprevistos en la gestión del reino que romperían la estancia del maestre con Juana y sus hijos, dos días después de la Pascua recibió noticias de Juan II. Álvaro se despidió de los suyos y partió para Madrid. Los hechos seguían complicándose y el condestable iba de un lugar a otro, según lo necesitase el monarca. Juana continuaba en Escalona, sabiendo que su esposo tenía que cumplir su misión y era lejos de ellos, pero más allá de la lejanía y de los peligros que corría, temía la trama que se estaba urdiendo a su alrededor. No se fiaba del rey manejado por la reina, ni de gran parte de los nobles, entre ellos su propio hermano, el conde de Benavente, su tío Fadrique Enríquez, y el marqués de Santillana, de la casa de los Mendoza, que también era pariente suyo. Las mujeres tienen un sexto sentido especial para detectar ciertas actitudes y ya había visto el rechazo de los reyes hacia el maestre. Los otros actuaban claramente desde hacía tiempo.

 


Alcázar de Madrid siglo XVII, Félix Castelo,https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Alcazar_de_Madrid_siglo_XVII


El monarca volvió con el condestable a Escalona y como siempre le agasajaría y después partirían a la fortaleza de San Martín de Valdeiglesias, donde se repitieron los festejos. Probablemente en esta ocasión Juana le acompañó en su marcha con la corte y fueron a Valladolid, donde vino la reina que también hacía tiempo que no se reunía con el rey, por todas las vicisitudes y enfrentamientos que se habían producido.

La fiesta de la Navidad de 1451 Juana y sus hijos la pasaron sin Álvaro que se encontraba junto al rey en el cerco de Palenzuela, una villa de Fadrique Enríquez, almirante de Castilla, en el camino entre Burgos y Palencia, donde su hijo Alonso Enríquez se había levantado contra el rey por el poder del condestable. En una de las escaramuzas este fue herido gravemente por una flecha disparada por ballesta que penetraban profundamente y le traspasó la axila y el brazo. En la noche los físicos del rey lo curaron y la herida tardó bastantes días en sanar. Fue entonces cuando el escribano de cartas latinas y poeta, Juan de Mena, le dedicó unas breves coplas. Son de escasa calidad, pero sí reflejan bien, aspectos del carácter del maestre de Santiago, que recibía heridas sí, pero era vencedor. Efectivamente era tan audaz y luchador que lanzaba su cuerpo como un ariete a las batallas y tenía un ánimo infatigable para cada nueva empresa. Dadas su personalidad y cualidades, su fama y su memoria sobrepasará a otros personajes importantes de su tiempo.

 


Diciembre en el Breviario de Isabel la Católica, The British Library, Add MS 18851, fol. 7r.


Aunque Juana estaba acostumbrada a aquellas largas ausencias de su esposo, no dejaba de añorar su presencia en Escalona. Él ya debía de andar en los sesenta y un años, y el tiempo no había pasado en balde, se conservaba muy bien, delgado, derecho y firme, pero necesitaba más tiempo de sosiego que no tenía. Tras el periodo de contiendas Álvaro regresó con el rey y la corte a su residencia más querida, y entre ella y Cadalso y San Martín estuvieron corriendo monte y teniendo otras diversiones durante 20 días, hasta que de nuevo las noticias que llegaban les obligaron a marchar al norte, a Castilla Vieja.

La hermosura y juventud de Isabel habían cautivado al rey que, según el cronista Alfonso de Palencia, se entregó a una vida de voluptuosidad y disfrute excesivo, con sexo, comida, bebida y actividades de cacerías, fiestas, bailes y juegos. Estaba enfermo, no se dice de qué dolencia, y tenía que cuidarse, Álvaro de Luna había velado siempre porque fuera comedido en todo, y ahora su control de la vida personal del monarca era rechazado por él y por su nueva esposa, que era mucho más joven y estaba encantada con que fuera así. Juan II había empezado a verle como un estorbo en sus deseos, impertinente y entrometido en sus costumbres. La tela de araña que estaba enredando y envolviendo al condestable llevaba tiempo tejiéndose, y esta vez iba a ser mortífera. A partir de aquel momento habían comenzado intentos de atentados y emboscadas para asesinarle.

 

 

Bestiario de Rochester, c. 1230, The British Library, Royal MS 12 F XIII, fol. 17v.

 

En varias ocasiones Juana había hecho de anfitriona de los reyes en Escalona y en alguna otra de sus casas, porque el condestable los invitaba continuamente. En este tiempo vio la complicidad amorosa entre los reyes, las miradas que una y otro dirigían a Álvaro de Luna, y empezó a sospechar que los asuntos de su esposo ya no marchaban bien en la corte. Cuando estaban a solas la pareja hablaba de la situación, y pudo comprobar que él también desconfiaba y no se sentía tan seguro como antes.

De hecho ya estaba tomando ciertas cautelas, como llevar siempre con él una guardia de confianza, mandada por su hijo Pedro de Luna y Manuel, el caballero valeroso y muy fiel que le acompañaba con su gente de armas y le protegió en situaciones peligrosas en Madrigal y Tordesillas. También iba con él, su sobrino Juan de Luna y Mendoza de parecidas cualidades y fidelidad con el maestre. Gracias a la presencia de los dos y de Juan Fernández Galindo, capitán de sus jinetes, Fernando de Ribadeneyra y otros caballeros de gran confianza escapó de atentados, encerronas y trampas.

El contador mayor Alfonso Pérez de Vivero que había sido paje y criado del maestre, comenzó a participar en la trama de los nobles e hizo partícipe de la conjura al rey para su colaboración, y a la reina que ya estaba en ello. El monarca preparó varias emboscadas para matarlo, que el condestable supo eludir con sus criados e hijos. Era un juego de enredo y engaños, y lo más escandaloso es que era Juan II quien lo maquinaba.

Habría tenido la opción de marcharse a Escalona a sugerencia de los hermanos Juan Pacheco, marqués de Villena, y Pedro Girón, maestre de Calatrava, que se le hubieran unido para “refrenar al rey y al príncipe”, pues ellos también estaban amenazados, sin embargo el maestre de Santiago no quiso. (3) Ambos hermanos no eran de fiar, pero la premisa de regresar a sus territorios y la posibilidad más cercana de refugiarse en Portugal, era una opción segura, que no puso en práctica. Después los hechos se desarrollaron de la peor manera posible.

 

Notas

(1) Chacón, Gonzalo, Crónica de don Álvaro de Luna condestable de los reynos de Castilla y de León, pp. 188, 189 y 190. Edición y apéndices de Josef Miguel de Flores, Madrid, 1784.

(2) Ibidem, pp. 190 a 195.

(3) Ibidem, pp. 269 y 270.


1. En un principio... 1431.

      Hacía un frío gélido aquella mañana de enero de 1431 en Calabazanos, un lugar de la merindad de El Cerrato al sur de ...